10 hábitos sanos para comer en verano

• La alimentación ha de seguir el patrón de dieta mediterránea y es imprescindible hidratarse con frecuencia incluyendo la ingesta de frutas o de sopas frías.

• Las frutas y hortalizas de temporada tan variadas en esta época son un elemento clave en la dieta estival incluyéndolas en las comidas de media mañana o como merienda.

• Practicar actividad física, limitar el consumo de grasas, moderar las cantidades ingeridas, así como el consumo de carne roja son otras pautas a tener en cuenta.

Con la llegada de la época estival, el calor, las vacaciones y el cambio a una rutina más relajada, surgen las preguntas: ¿cómo ha de ser mi dieta? ¿tengo que modificar los hábitos alimenticios al cambiar de estación? Según la doctora María José Tapia, miembro del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN): “La respuesta no se reduce a una, sino que tiene diferentes matices en función de cada persona y sus hábitos”.

Por eso, la SEEN ha querido destacar 10 puntos clave a seguir para mantener una dieta saludable en verano.

1. Hidratación: es fundamental mantener un adecuado estado de hidratación y, para ello, se debe incrementar la ingesta de agua y de frutas y hortalizas que podemos tomar en forma de gazpacho, o sopas frías.

2. Dieta Mediterránea: es muy importante seguir un patrón de Dieta Mediterránea, que podría resumirse en utilizar el aceite de oliva como principal grasa de adición; consumir diariamente frutas, verduras, pan y otros alimentos procedentes de cereales (pasta, arroz y especialmente sus productos integrales) o legumbres; moderar el consumo de carnes rojas y procesadas sustituyéndolas por pescados y huevos; promover la ingesta de alimentos poco procesados y favorecer el de alimentos frescos; consumir muy rara vez dulces y pasteles. Mantener estos hábitos es fundamental a lo lardo de todo el año y, por supuesto, en los meses de verano, ya que se ha mostrado como uno de los patrones de alimentación más saludables y ofrece importantes beneficios para nuestra salud (prevención cardiovascular y de ciertos tipos de cáncer, control de peso, etc.).

3. Consumir frutas y hortalizas de temporada: en esta época encontramos abundancia de frutas y hortalizas que, además de hidratarnos, son muy bajas en calorías. A media mañana y a media tarde son buenos momentos para tomar piezas de fruta o porciones de sandía o melón que, aunque tengan un sabor muy dulce, tienen un bajo aporte de azúcares, pudiendo, también, consumirse por las personas con diabetes.

 

4. Eliminar las bebidas calóricas: si se quiere controlar el peso, deberían eliminarse completamente todas las bebidas que aporten calorías (refrescos azucarados, bebidas alcohólicas o bebidas alcohólicas “sin alcohol”) y sustituir el azúcar por edulcorantes que no aporten calorías. Pueden sustituirse por agua (la bebida más saludable que existe), bebidas “light o sin azúcar” e infusiones.

5. Moderar el consumo de carne: hay que moderar el consumo de carne roja. Se aconseja tomar más raciones de pescado que de carne a la semana, en torno a 5-6 de pescado de las cuales al menos 3 deberían ser de pescado azul.

6. Moderar la ingesta de comida: debemos moderar las cantidades de comida, intentar huir de las comidas copiosas. Se debería controlar las cantidades de alimentos que, aun siendo saludables, aporten más calorías para no tomar un exceso de los mismos (frutos secos, legumbres, pasta, arroz).

7. Recetas sencillas: para no incrementar el aporte calórico, la forma de elaboración de los platos debe ser sencilla. Tomar las verduras crudas, por ejemplo, es la mejor forma de aprovechar todas sus vitaminas y minerales.

8. Limitar el consumo de grasas: limitar (no eliminar), también, la cantidad de grasa y que la que se consuma sea fundamentalmente aceite de oliva. Cómo se cocina condiciona de manera directa su consumo, por eso proponemos elaboraciones sencillas como plancha, en su jugo, cocido etc.

9. Helados, sólo ocasionalmente: recordar que los dulces y helados no son alimentos fundamentales y no constituyen parte esencial de una alimentación saludable, no deberían formar parte de la dieta diaria. Se recomienda que su consumo sea ocasional, controlado y conocer su composición nutricional. En el caso de los postres o los tentempiés, es aconsejable el consumo de fruta, o de postres lácteos que contenga la contengan ya que nos permitiría aportar prebióticos y probióticos.

 

10. Incrementar la actividad física: para no aumentar de peso, debemos incrementar las calorías que gastamos y la forma más saludable para lograrlo es mediante una actividad física que sea suave o moderada y siempre regular, al menos 4 a 5 veces por semana. Es buena época para practicar ejercicio, aprovechando el tiempo libre y el clima (evitando las horas centrales de calor y altas temperaturas).

Otro aspecto que destaca la doctora Tapia es que la alimentación, “siguiendo los patrones de Dieta Mediterránea, debería variar de acuerdo a las estaciones del año, teniendo en cuenta el consumo de productos de temporada”. “La composición nutricional de los alimentos de temporada, sobre todo de las frutas y las verduras, parece ser distinta en cuanto a vitaminas y minerales. Se sabe que factores como el clima, las condiciones de cultivo, el estado de maduración y el tiempo que el alimento permanece almacenado, puede modificar su composición nutricional. Además, son más económicos tanto a nivel individual, como a nivel global, ya que su consumo se asocia a un menor impacto ambiental.

Asimismo, la experta recuerda que pasado el verano “hay que seguir manteniendo una dieta equilibrada y unos hábitos de vida saludables para mantener un estado físico adecuado que permita retomar la actividad laboral habitual y las rutinas con normalidad”.

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Nutrición

“Cuando me dijeron que tenía intelorancia al gluten fue un alivio”

•Después de muchos años de diagnósticos sin resultados desde niña, abortos de repetición en la edad adulta, Macarena encontró la verdadera razón del problema que sufría y no conseguían diagnosticarle, es alérgica al gluten.

• La diferencia entre un paciente celiaco y el intolerante al gluten, éste último a produce anticuerpos ante esta sustancia que se consideran perjudiciales para su salud sin necesidad de que el gluten llegue al intestino.

Se estima que entre un 1 y un 2% de la población padece esta dolencia y gran parte de estos pacientes no están diagnosticados.

“Después de tanto tiempo sabiendo que algo iba mal, conocer finalmente la causa y poder actuar sobre ella, fue para mí un alivio” cuenta Macarena, una cordobesa afincada en Madrid y paciente del Hospital Universitario HLA Moncloa donde fue diagnosticada de intolerante al gluten después de casi tres décadas padeciéndola sin encontrarle el motivo. “Desde que era pequeña algo en mis analíticas indicaba que existía un problema, pero a pesar de que me hicieron multitud de pruebas no lograron averiguar qué pasaba. Muchos años después entendí que es una enfermedad difícil de detectar y en mi caso más porque era asintomática”

Se estima que entre un 1 y un 2% de la población padece esta dolencia y gran parte de estos pacientes no están diagnosticados. En el caso de Macarena, fue tras varios abortos, cuando su ginecóloga intuyó que una de las causas podía ser la intolerancia al gluten “en su momento, me preocupé por los efectos que podía haber provocado esta enfermedad al estar sometida a ‘estrés inmulógico’ porque soy una persona que se cuida mucho pero, si cabe, ahora me cuido más”.

Actualmente el paciente que sufre intolerancia al gluten convive con la desinformación que aún existe en muchos restaurantes y centros de ocio hacia esta sustancia. Si bien desde 2015 se exige que todos los servicios de

restauración deben tener a disposición del comensal una carta en la que se especifiquen los alérgenos que contienen cada uno de sus platos, sigue existiendo gran desconocimiento en este sentido “yo me he llegado a encontrar errores graves como indicar que un plato hecho con harina no contenía gluten o productos no etiquetados, sin embargo ya no existe una diferencia tan grande en el coste entre un producto con gluten y otro que no tiene”

Un paciente intolerante al gluten puede llevar una dieta completa, variada y equilibrada ya que, aunque tenga que suprimir alimentos, puede contar con alimentos del mismo grupo (farináceos o hidratos de carbono) para suplir esta carencia que podría provocar daños intestinales como por ejemplo el arroz, maíz, quinoa, amaranto, mijo, sorgo, yuca, etc. “Tras mi diagnóstico revisé todo lo que tenía en casa y me sorprendí de la cantidad de productos que contienen gluten ‘escondido’. De entre los alimentos que más echo de menos es la pasta y la tarta de chocolate, mi perdición, pero esta enfermedad para nada ha mermado mi vida social ya que todo mi entorno conoce la situación y adaptamos los planes a ésta, incluso tengo mucha más energía desde que dejé el gluten de mi dieta, ya que antes me encontraba cansada sin motivo aparente”.

La moda de la ‘dieta del gluten’ se ha extendido peligrosamente y sin embargo no existen estudios que avalen el hecho de que eliminar esta proteína conlleve una pérdida de peso y no es recomendable eliminarlo de nuestra dieta si no se tiene dificultad para asimilarlo. El consumo de productos sin gluten ha aumentado considerablemente en los últimos años debido a esta tendencia y esto puede ir en detrimento de los pacientes que realmente sufren celiaquía, sensibilidad o intolerancia al gluten.

¿Qué le dirías a un paciente que ha sido diagnosticado de la misma dolencia que usted? “que se sienta feliz porque saber qué le pasa ya que es el primer paso para solucionar el problema. Yo he conseguido disfrutar mucho más de las pequeñas cosas que antes no valoraba, cuando encuentro algún plato sin gluten no habitual, no dudo en pedirlo” concluye Macarena.

 

La celiaquía afecta a casi el 2% de la población

· Quienes sufren esta dolencia presentan una lesión severa en la mucosa del intestino delgado superior generada por una intolerancia al gluten

· Esta enfermedad no solo afecta al aparato digestivo, también a otras funcionalidades del organismo.

· El equipo de nutricionistas del Grupo HLA aclara varias de las cuestiones que pueden surgirnos al hablar de la celiaquía.

¿La celiaquía es una alergia?

No, la celiaquía no es una alergia ya que no se produce una reacción inmediata de forma clara, definitiva y tipificada, se define como un síndrome de malabsorción de carácter genético y autoinmune. Se produce el daño de forma paulatina hasta que se detecta esta patología ya que el propio individuo genera anticuerpos que atacan a su organismo generando daños en las vellosidades del intestino. Hay diferencias entre un paciente celiaco y uno sensible al gluten, éste último podría mejorar con el paso del tiempo, consiguiendo volver a ingerir de nuevo gluten mientras que en el paciente celíaco el gluten deberá desaparecer de su ingesta diaria de por vida.

¿Qué alimentos debe dejar de tomar un paciente que sufre celiaquía?

Los alimentos que contienen gluten y por consiguiente deben ser eliminados de la alimentación de estos pacientes son el trigo, la cebada, el centeno, la espelta, el kamut y la avena. Podemos encontrarlos en sus respectivas harinas, en productos de repostería como galletas, bizcochos, bollería, en la pasta italiana, leche fermentada y malteada, bebidas o infusiones elaboradas con cereales de malta, cerveza, etc.

¿Qué consecuencias puede tener una persona celíaca que no sigue una alimentación sin gluten?

El gluten, en el caso del paciente celíaco, genera graves alteraciones en las vellosidades intestinales (microbiota intestinal) inhibiendo la absorción de los nutrientes que proporcionan los alimentos. Si continuamos ingiriendo gluten aun siendo informados de la patología que presentamos, nuestro tracto digestivo

será incapaz de absorber los nutrientes de los alimentos dando lugar a la aparición de otras patologías como por ejemplo enfermedades autoinmunes (diabetes, enfermedades hepáticas, alteración del tiroides, etc.), osteoporosis por la malabsorción del calcio procedente de los alimentos, neoplasias en el tracto digestivo, anemia ferropénica, etc.

Alimentos óptimos para un celíaco y cómo corregir las posibles deficiencias alimentarias que puedan derivarse de la intolerancia a ciertos alimentos.

Un paciente celíaco puede llevar una dieta completa, variada y equilibrada ya que, aunque tenga que suprimir alimentos que contengan gluten, puede contar con alimentos del mismo grupo (farináceos o hidratos de carbono) para suplir esta falta. Estos son los los alimentos que puede consumir un celíaco por grupos:

· Frutas frescas, desecadas, confitadas en conserva (al natural o almíbar, etc.)

· Verduras y hortalizas frescas o congeladas sin cocinar previamente.

· Lácteos de todo tipo como la leche de vaca, cabra, bebidas vegetales, yogures, quesos, etc.

· Frutos secos naturales.

· Pescado blanco o magro, pescado azul y maricos en condiciones óptimas de cocinado evitando posible contaminación cruzada.

· Carne de todo tipo y huevos en condiciones óptimas de cocinado evitando posible contaminación cruzada.

· Legumbres y leguminosas secas o en conserva cocidas o precocinadas al natural.

· Grasas procedentes del aceite de oliva, mantequilla o margarina.

· Cereales y pseudocereales como el arroz, maíz, quinoa, amaranto, mijo, sorgo, yuca.

Una alimentación sin gluten ¿afecta al desarrollo del crecimiento del niño celíaco?

No, el gluten no es una proteína indispensable que no pueda ser sustituida por otras de origen vegetal y animal. Siempre y cuando el niño celíaco lleve una dieta completa y equilibrada rica en frutas y verduras, proteínas de origen animal como carne, pescado y huevo, de origen vegetal como las legumbres, y cuente con hidratos de carbono sin gluten del tipo arroz, maíz no presentará problemas en su crecimiento y desarrollo.

¿Comer sin gluten adelgaza?

En la actualidad, una de las modas más reclamadas es la de llevar a cabo una dieta sin gluten en busca de la pérdida de peso. Actualmente no existen estudios que avalen este hecho, ya que no es recomendable eliminar de la dieta el gluten si nuestro cuerpo no tiene dificultad para asimilarlo. Los nutricionistas

consideramos que esta dieta se ha puesto de moda como un sustitutivo de la dieta hiperproteica de carácter similar a la de ‘sin gluten’ actual. En ambos casos se suprime el consumo de hidratos de carbono considerándose que con la eliminación de este tipo de alimentos la pérdida de peso será más rápida y menos costosa sin tener en cuenta que los hidratos de carbono son un pilar fundamental de nuestra alimentación imprescindibles en el aporte energético diario.

¿Con qué barreras siguen encontrándose a día de hoy?

El alto coste de productos específicamente elaborados sin gluten (en la mayoría de las marcas), el control exhaustivo de la trazabilidad del producto una vez sale de fábrica por la contaminación cruzada del local, dificultad en la obtención de determinados productos que anteriormente consumía y a día de hoy le es mucho más costoso conseguirlos y la incomprensión frente a este tipo de patología por la sociedad que todavía desconoce la relevancia de esta enfermedad.

Aun así, se han realizado ciertos avances que mejoran la vida de estos pacientes. Una de las más importantes es la aprobación del Reglamento 126/2015 sobre alérgenos alimentarios, en la que se determina que todos los servicios de restauración deberán tener a disposición del comensal una carta en la que se especifiquen los alérgenos que contienen cada uno de sus platos, lo que facilitaría al paciente celíaco la elección de los mismos para su consumo.

Actualmente se ha ampliado la gama de productos sin gluten que cada día se muestra en grandes supermercados favoreciendo el acceso, la variabilidad de marcas y costes en estos productos a los pacientes.

¿El gluten solo se encuentra en los alimentos?

El gluten es un tipo de proteína que se encuentra en la semilla de determinados cereales como son el trigo, la cebada, el centeno, la espelta, el kamut y la avena. Además, el gluten también puede estar presente en determinados tratamientos farmacológicos ya que el almidón derivado de algunos cereales que contienen gluten se emplea para fabricar los comprimidos elásticos que generan la cápsula de los fármacos por sus propiedades elásticas y porque facilitan su absorción a nivel del tracto digestivo.

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entrevista Nutrición

El 85% de los trastornos de alimentación aparecen entre los 14 y 18 años

•Las mujeres sufren 10 veces más este tipo de trastorno que los varones

· La prevalencia de la anorexia es de entre el 2,2 y 3,6% mientras que la de la bulimia es de entre 1,3 y 2% de la población.

El perfil del paciente con bulimia nerviosa es una mujer, adolescente, con peso normal o sobrepeso y con baja autoestima.

La anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa son trastornos alimentarios que se caracterizan por alteraciones en la alimentación relacionadas con la distorsión de la imagen corporal. Se asocian con una sobrevaloración de la forma corporal y el peso.

La anorexia nerviosa se caracteriza por la negativa a mantener un peso mínimo normal que conduce a una malnutrición progresiva. Se puede dividir en dos subtipos:

· Restrictivo (asociado o no al ejercicio compulsivo): para perder peso restringen de forma muy importante la ingesta de alimentos;

· Purgativo: presenta periodos de ingesta incontrolada, que son compensados por el vómito autoinducido, laxantes o diuréticos.

La doctora Mª Angustias Salmerón, colaboradora de la SEPEAP, hace un perfil de estos pacientes: “Suelen ser mujeres, adolescentes, delgadas, con excesiva preocupación por su imagen corporal y la comida”. Los rasgos de personalidad más frecuentes son:

1) muy perfeccionistas y con gran nivel de autoexigencia;

2) negación del hambre;

3) inmadurez afectiva y en las relaciones de pareja;

4) fuerte dependencia de su entorno; y

5) aislamiento social.

La bulimia nerviosa y el Trastorno de Atracones se caracterizan por episodios frecuentes de ingesta excesiva de comida en un corto periodo de tiempo, en el caso de la Bulimia, se siguen de conductas compensatorias (como las purgas) para contrarrestar el aporte calórico extra. En el Trastorno de Atracones, como no hay conductas compensatorias de forma regular, normalmente tienen sobrepeso u obesidad.

El perfil del paciente con bulimia nerviosa es una mujer, adolescente, con peso normal o sobrepeso y con baja autoestima. Tienen una preocupación excesiva por la alimentación, suelen tener ciclos de dietas extremas y ayuno a lo largo de su vida. No suelen comer en público y suelen hacer una actividad física irregular, al igual que la alimentación “en atracones”.

Determinadas enfermedades que afectan a la imagen corporal (diabetes, fibrosis quística, obesidad, etc.) y algunos trastornos mentales (trastornos de ansiedad y depresión) predisponen a los trastornos del comportamiento alimentarios

Características de los pacientes que sufren estas enfermedades:

• Se estima prevalencia real de los trastornos del comportamiento alimentarios en un 2,2-3,6% en la Anorexia y en un 1,3-2,0% en la Bulimia.

• Sexo: la relación hombre/mujer para los trastornos del comportamiento alimentarios es de 1/10.

• Edad de inicio: el 85% de los casos aparece entre los 14 y los 18 años, aunque puede iniciarse a cualquier edad. En los últimos años, la edad de inicio está disminuyendo progresivamente.

• Profesión: las deportistas de alto rendimiento, bailarinas profesionales y modelos son de alto riesgo para desarrollar estos trastornos.

• Determinadas enfermedades que afectan a la imagen corporal (diabetes, fibrosis quística, obesidad, etc.) y algunos trastornos mentales (trastornos de ansiedad y depresión) predisponen a los trastornos del comportamiento alimentarios.

El tiempo medio de evolución de la enfermedad es de 4 años, cursando de forma episódica con gran influencia en las recaídas de los acontecimientos vitales estresantes. La bulimia nerviosa tiene un mejor pronóstico.

El pronóstico es variable, la enfermedad puede durar mucho tiempo, con una evolución episódica y fluctuante asociada a los eventos estresantes de la vida. De forma general, la mitad de los pacientes con trastornos alimentarios evolucionan favorablemente y de la otra mitad, el 30% sigue presentando algún síntoma y el 20% restante tiene mala evolución.

Concretamente, entre un 25% y un 50% de los pacientes con bulimia nerviosa que son capaces de participar en el tratamiento se curan; la anorexia nerviosa tiene peor pronóstico, sobre todo, si se asocia a conductas autolesivas. La mortalidad de la anorexia nerviosa está entre un 2% y un 8%, de forma que sería la enfermedad psiquiátrica más letal.

Los trastornos del comportamiento alimentario tienen una alta probabilidad de recuperación en los primeros 10 años del inicio de la enfermedad, en la anorexia nerviosa la posibilidad de recuperación disminuye al aumentar el tiempo de evolución de la enfermedad, siendo un factor de mal pronóstico la anorexia nerviosa prolongada.

Entre un 25% y un 50% de los pacientes con bulimia nerviosa que son capaces de participar en el tratamiento se curan

Los factores conocidos que predicen un peor pronóstico son:

1) las conductas purgativas;

2) la falta de respuesta al tratamiento en enfermedades de larga evolución;

3) peso mínimo alcanzado muy bajo;

4) trastorno obsesivo compulsivo;

5) relación familiar patológica;

6) comorbilidad; y

7) visitar páginas web que fomentan estas conductas y llamadas “pro-ana” ó “pro-mía”.

La doctora Salmerón recalca “La prevención es la labor fundamental del pediatra, se debe de sospechar ante una conducta anómala y se debe de incluir en las revisiones periódicas de salud. Para la detección precoz, es esencial que los profesionales sanitarios realicen preguntas para descartar Trastorno de Conductas Alimentarias en la consulta, especialmente en las revisiones periódicas de salud del niño y adolescente”.

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Mujer mujeres Nutrición Psicología

La ‘Operación Bikini’, un tópico que se repite cada año

• 7 de cada 10 mujeres españolas reconocen haberse puesto a dieta para verse mejor a la hora de ponerse en bañador, una práctica que suelen realizar más mujeres que hombres.

• El 56% declara que renunciaría a uno de sus sueños si no tuviese que preocuparse más por su alimentación, según las conclusiones del Estudio Findus 350 sobre las mujeres y la “Operación Bikini”.

• El 34% de las mujeres con edades comprendidas entre 25 y 55 años reconocen que harán la “Operación Bikini” a partir del mes de abril.

• Aunque defiendan que lo más importante sería cuidarse día a día y adoptar hábitos más saludables, la realidad es que la “Operación Bikini” es un tópico que se repite año tras año.

El 55% de las mujeres en España aseguran intentar mantener una alimentación saludable y variada.

El verano está a la vuelta de la esquina y, en estas fechas, muchas son las personas que realizan la conocida “Operación Bikini” para verse mejor a la hora de ponerse el bañador. Una práctica que, según señalan los expertos, suelen realizar cada año más mujeres que hombres, aunque cada vez son más los que se suman y realizan una dieta.

Aunque lo ideal sería cuidarse día a día y adoptar hábitos de vida más saludables, la realidad es que la “Operación Bikini” es un tópico que se repite año tras año: 7 de cada 10 mujeres españolas reconocen haberla hecho en alguna ocasión, y más del 50% creen que volverán a hacerla en un futuro. De hecho, el 60% de las que la han llevado a cabo reconoce que al menos la han repetido entre 1 y 5 veces, mientras que el 21% la ha hecho entre 5 y 10 ocasiones y el 8% la realiza cada año.

Estas son algunas de las conclusiones que ha desvelado el Estudio Findus 350, que la marca de congelados ha realizado con motivo del lanzamiento de su nueva gama 350kcal y que analiza la relación de las mujeres con la alimentación y su postura ante la conocida “Operación Bikini”.

Paula Butragueño, entrenadora, fit blogger y autora del libro “10 semanas para sentirte 10”, asegura que: “es normal que, cuando se acerca el verano, tengamos más ganas de vernos mejor y realicemos una dieta para conseguir nuestros objetivos. Los hombres también cada vez la realizan más. No obstante, siempre que realicemos una dieta es importante hacerlo de forma equilibrada y sana, contando con la ayuda de un profesional y complementándola con la práctica de actividad física. Además, cuidarse no debería reducirse a un par de meses antes del verano, ¡debería ser una actitud constante para no tener que volver a hacer una “Operación Bikini” nunca más!”.

Las mujeres españolas y la “Operación Bikini”

Este año, más del 34% de las encuestadas con edades comprendidas entre 25 y 55 años reconocen que harán la “Operación Bikini” a partir del mes de abril, para prepararse para el verano y verse mejor. El 84%, la realizará combinando dieta con la práctica de ejercicio regular.

Pese que en España muchas mujeres suelen realizar la “Operación Bikini” de forma habitual, también hay quiénes están en contra de estas dietas: aunque el 52% mantienen una posición neutra, el 28% de las mujeres tienen una opinión contraria a realizar una dieta para verse mejor en verano.

Además, muchas de las encuestadas  que reconocen hacer la “Operación Bikini”, estarían encantadas de no tener que volver a hacer una dieta nunca más: el 49% de las mujeres españolas preferirían vencer sus miedos y tirarse en paracaídas antes que tener que empezar una dieta, mientras que otro 43% preferiría incluso empezar a aprender un idioma nuevo. Además, el 56% estarían dispuestas a renunciar a uno de sus sueños – como por ejemplo conocer a su artista preferido, renunciar a un aumento de sueldo o viajar a un destino soñado – a cambio de no tener que preocuparse nunca más por su alimentación.

Seis de cada 10 mujeres declaran hacer ejercicio de forma regular,

¡Las mujeres españolas quieren cuidarse!

El 55% de las mujeres en España aseguran intentar mantener una alimentación saludable y variada, aunque reconocen que no están obsesionadas con ello. El ritmo del día a día, las circunstancias personales y las laborales pueden dificultar esta voluntad y hacer que adquirir y conservar unos hábitos de vida saludables pueda ser más complicado. Sin embargo, el 37% de ellas se animarían a ser más constantes si aprendieran a realizar platos sanos, fáciles y sabrosos.

Por lo que respecta a la práctica de deporte, 6 de cada 10 mujeres declaran hacer ejercicio de forma regular, al menos una vez por semana. Sin embargo, los datos del estudio concluyen que aún queda camino por recorrer: el 40% restante o bien no practica ningún tipo de actividad física (26%) o lo hace sólo de vez en cuando. (18%).

“Cuidarse y llevar una alimentación saludable y variada puede ser mucho más fácil de lo que nos pensamos, fuera y dentro de casa. Hoy en día contamos con muchas opciones para poder seguir hábitos saludables sin tener que dedicar una gran cantidad de tiempo, aunque hay que tener voluntad para ello. Personalmente, en España creo que estamos mejorando mucho”, asegura Paula.

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Nutrición Sin categoría

Un veneno llamado grasas trans

• De acuerdo a la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN),no es importante solo la cantidad de grasas que consumimos, sino también la calidad.

• Leer el etiquetado nutricional de los alimentos es importantísimo para poder elegir aquellos que contengan menos grasas saturadas y parcialmente hidrogenadas o trans.

• Entre el 15-20% de la ingesta calórica diaria total debe provenir de las grasas monoinsaturadas, entre un 6-10% de las grasas poliinsaturadas, el 9-10% de las grasas saturadas y menos del 1% de las grasas trans.

• Las grasas alimentarias son mucho más que una fuente de energía, son un nutriente esencial e imprescindible para la vida.

Debemos reducir el consumo de grasas saturadas porque están directamente relacionadas con el aumento de colesterol en sangre, el desarrollo de ateroesclerosis y el aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular.

La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) recomienda que el consumo de grasa no supere el 30-35% de las calorías consumidas. “Para una dieta media de 2.000 Kcal, el contenido calórico procedente de las grasas sería de aproximadamente 600-700 Kcal, lo equivalente a una toma diaria de aproximadamente 70-78 g de grasas”, explica Emilia Cancer, del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Pero, además, no es importante solo la cantidad de grasas que consumimos, sino también la calidad porque ambos factores determinan su efecto sobre la salud. “No debemos exceder las recomendaciones sobre el porcentaje de grasa en nuestra alimentación porque nos producirá sobrepeso y obesidad. Por otro lado, no debemos consumir grasas trans, y debemos reducir el consumo de grasas saturadas porque están directamente relacionadas con el aumento de colesterol en sangre, el desarrollo de ateroesclerosis y el aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular, que es la principal causa de morbi-mortalidad en España”, apunta la experta de la SEEN.

Diferentes tipos de grasas

Las grasas que consumimos proceden principalmente de diversos alimentos de origen animal y vegetal, donde se encuentran en diferentes proporciones, pero, advierte la doctora Cancer, no todas ellas son igual de necesarias.

Grasas saturadas

Se encuentran en alimentos de origen animal, como carnes, embutidos, leche y sus derivados; y en aceites de origen vegetal, como los aceites de coco o de palma, que se consumen a través de bollería industrial, aperitivos salados y productos transformados, principalmente.

“El consumo de grasas saturadas favorece un aumento de los niveles de colesterol en sangre, en concreto del LDL colesterol, también llamado colesterol ‘malo’”, advierte la doctora Cancer, que indica que los alimentos ricos en grasas saturadas deben formar parte del vértice de la pirámide de la alimentación saludable y, por lo tanto, solo deberían consumirse de forma esporádica, ya que no debe superar el 9-10% de la ingesta calórica diaria total.

Grasas insaturadas  

Estas grasas se encuentran en alimentos de origen vegetal, como los aceites vegetales: aceite de oliva, girasol o maíz. A su vez, se clasifican en:

Grasas monoinsaturadas: El ácido graso monoinsaturado por excelencia es el ácido oleico, presente especialmente en el aceite de oliva, donde puede alcanzar hasta un 75-80% de su contenido. “También lo encontramos en el aceite de colza, las aceitunas, el aguacate, y, en menor cantidad, en algunas carnes, en el aceite de girasol y en los frutos secos como las nueces o almendras”, aclara la experta de la SEEN.

La ingesta elevada de grasas saturadas y grasas trans está vinculada al aumento de la mortalidad de la población general

Estas grasas representan el mayor porcentaje recomendable de consumo, entre el 15 y el 20% del total.

Grasas poliinsaturadas: existen tres familias: los omega 3, 6 y 9. La mayoría de estos ácidos grasos pueden ser sintetizados a partir de los hidratos de carbono de la dieta. La recomendación de ácidos grasos poliinsaturados en una dieta saludable es del 6-10% de las calorías totales.

Grasas trans: Estas grasas se forman a partir de ácidos grasos insaturados que se hidrogenan parcialmente, lo que da lugar a grasas más sólidas, más plásticas y más estables. La mayor parte de las grasas trans se producen durante la elaboración de las margarinas y grasas de repostería, como resultado de la hidrogenación parcial o total de aceites vegetales o de pescado insaturados.

“El consumo de ácidos grasos trans provoca en el organismo un efecto más negativo que la grasa saturada, ya que aumenta los niveles de LDL colesterol y triglicéridos y también reduce HDL colesterol en sangre, también llamado colesterol ‘bueno’, favoreciendo el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares”, alerta. Por ello, se debe mantener una ingesta lo más baja posible, por lo que se recomienda consumir menos del 1% de las calorías totales de la dieta.

Consumo de grasas: pros y contras para la salud

Las grasas alimentarias son mucho más que una fuente de energía. Además de dotar de palatabilidad a los alimentos haciéndolos más sabrosos, a día de hoy, afirman desde la SEEN, son un nutriente esencial e imprescindible para la vida, pero su consumo debe hacerse en los niveles adecuados para prevenir la aparición de enfermedades.

Recientes estudios muestran que la ingesta elevada de grasas saturadas y grasas trans está vinculada al aumento de la mortalidad de la población general, el consumo excesivo de grasas saturadas se asocia con un aumento del 8% en la mortalidad total, y el elevado consumo de grasas trans lleva a un aumento de la mortalidad del 13%. Por el contrario, el aumento del consumo de ácidos grasos poliinsaturados y ácidos grasos monoinsaturados se asocian con reducciones del 19% y el 11% en la mortalidad, respectivamente. Además, la sustitución del 5% de calorías de grasas saturadas por calorías de ácidos grasos poliinsaturados y ácidos grasos monoinsaturados se vincula con reducciones de la mortalidad del 27% y el 13%, respectivamente.

Algunos consejos para reducir el consumo de grasa menos saludable

Según aconsejan desde la SEEN, una forma fácil para reducir la grasa menos saludable en la dieta es comer una mayor proporción de alimentos de origen vegetal, como aceite de oliva, semillas de sésamo, girasol o lino, y frutos secos; y de pescados, que aportan grasas insaturadas. Cocinar y preparar los alimentos con poca grasa y alternar métodos de cocinado priorizando el hervido, plancha, vapor, grill, horneado o papillote de los alimentos frente al frito o asado es otro consejo. “Leer el etiquetado nutricional de los alimentos es importantísimo para poder elegir los alimentos que contengan menos grasas, menor contenido de ácidos grasos saturados y los que no contengan grasas parcialmente hidrogenadas o grasas trans”, finaliza la experta de la SEEN.

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endocrinología Nutrición

Las claves para sobrellevar el cambio horario estacional

• Levantarse antes el domingo y comer alimentos ricos en triptófano, algunas de las pautas para llevar mejor el cambio de hora

• Escoger los alimentos adecuados y controlar los tiempos de sueño ayudarán a que nuestro organismo se adapte de forma rápida y asintomática al nuevo horario de verano

El cambio de hora suele generar durante los primeros días un impacto en nuestro organismo.

En la madrugada de este sábado 25 de marzo adelantamos nuestros relojes una hora, por lo que a las 2:00 serán las 3:00. Esta modificación horaria, que se aplica fundamentalmente como medida de ahorro energético, suele generar durante los primeros días un impacto en nuestro organismo, potenciando la aparición de síntomas como la fatiga, el cansancio, la dificultad para conciliar el sueño y, en ocasiones, la ansiedad.

Desde Super Premium Diet, el servicio de asesoramiento nutricional en farmacias del Grupo NC Salud, encuentra en la alimentación a uno de los recursos más potentes con los que contamos para evitar que los cambios horarios y de luz afecten de manera negativa a nuestra salud. Por ello, ofrece una serie de pautas sobre lo que sí debemos hacer y lo que no, tanto a nivel alimenticio como de hábitos rutinarios, para que nuestro organismo se adapte adecuadamente al nuevo horario de verano.

Decimos sí a…

levantarse antes el domingo: al adelantar el reloj en una hora, nuestro domingo contará con 23 horas, lo que suele repercutir en una reducción de las horas de descanso. Intentar levantarnos un poco antes de lo habitual este día, hará que lleguemos más cansados a la noche y ayudará a que nos cueste menos levantarnos el lunes, mejorando el descanso.

…la fórmula Vitamina C + magnesio: durante los días siguientes al cambio de hora, es muy recomendable ingerir por la mañana frutas con vitamina C, como la fresa, el kiwi o la naranja, que nos ayudarán a mantenernos despiertos. Por la tarde, apostaremos por aquellos frutos ricos en magnesio, como el plátano, la nuez o la avellana, pues este mineral actúa como relajante muscular y nos prepara para el momento de irnos a dormir.

… los alimentos con triptófano: como las legumbres, los frutos secos, la carne, la avena, etc, aliados para regular los ciclos del sueño y mantener un buen estado anímico. Lo logran gracias al triptófano, un aminoácido esencial que aumenta los niveles de serotonina y melatonina, siendo ésta última la hormona que regula nuestro sueño de una forma natural.

… mantener el horario de las cenas: Durante los primeros días, no llegaremos con el mismo hambre que antes a nuestra hora de la cena porque estaremos ingiriendo alimentos antes de lo que acostumbramos, pero debemos mantener la cena a su misma hora, para evitar desórdenes alimenticios e irnos a dormir con sensación de pesadez o molestias. Nos ayudará apostar por platos ligeros, con verduras y frutas como protagonistas.

Los alimentos con triptófano: como las legumbres, los frutos secos, la carne, la avena, etc, aliados para regular los ciclos del sueño.

 

Evitaremos por unos días…

… siestas prolongadas: a pesar de tratarse de una práctica muy usual y saludable en el día a día de gran parte de la población, cuando se provocan estas modificaciones en el sueño es importante controlar que las siestas no superen la media hora, ya que no harían más que aumentar el descontrol horario de nuestro organismo y su cansancio, logrando el efecto contrario al perseguido.

… comidas ricas en grasas: especialmente por la noche. Alimentos como los embutidos, quesos curados, salsas y frituras suelen desencadenar episodios de acidez de estómago que dificultarán la calidad de nuestro sueño y causaran sensación de pesadez e incomodidad a la mañana siguiente.

… acostarnos inmediatamente después de cenar: pues potencia la subida del contenido ácido del estómago al esófago, provocando síntomas como el ardor o las náuseas. Para aquellas personas que afirman cenar justo antes de ir a dormir para evitar sentir hambre durante la noche, se les recomienda que realicen la cena dos horas antes de acostarse y que, justo antes de irse a la cama, tomen una fruta o un yogurt natural desnatado para frenar esa sensación de hambre mientras descansan.

“Con esta serie de recomendaciones, que van orientadas a establecer unos hábitos horarios de alimentación y descanso, lograremos equilibrar la rutina organismo ante alteraciones externas, así como educar a nuestro sistema digestivo, que aprenderá a demandar nutrientes de forma equitativa y coordinada. Debemos acostarnos, además, en un estado de relajación mental que nos permita descansar adecuadamente, para lo que pueden ayudarnos las infusiones o los suplementos alimenticios naturales”, explica Carlos Fernández, Director Médico de Grupo NC Salud.

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Nutrición

Mejor el ejercicio intenso que el moderado para la salud cardiovascular

• El ejercicio físico vigoroso aporta mayores beneficios para prevenir  el síndrome metabólico que la práctica de ejercicio leve o moderado, recuerdan los expertos con motivo, mañana 14 de marzo, del Día Europeo de Prevención del Riesgo Cardiovascular.

• Los resultados de la investigación, realizada por especialistas de la Clínica Universidad de Navarra y de la Universidad de Navarra con una muestra de más de 10.000 personas, se han publicado en la revista científica American Journal of Preventive Medicine.

• Las personas mayores de 55 años que realizan ejercicio vigoroso presentan un 90% menos de riesgo de padecer síndrome metabólico frente aquellos que realizan ejercicio de intensidad leve.

(De izquierda a derecha): el Dr. Miguel Ángel Martínez González, del Medicina Preventiva y Salud Pública; la Dra. María Hidalgo Santamaría, especialista de Medicina Interna; el Dr. Alejandro Fernández Montero, de la Unidad de Medicina del Trabajo  y Maira Bes, de Medicina Preventiva.

Un grupo de investigadores de la Clínica Universidad de Navarra y de la Universidad –integrantes del CIBEROBN Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición, del Instituto Carlos III y de IDISNA- ha demostrado que el ejercicio físico intenso, en personas sanas, previene en mayor medida el síndrome metabólico que el ejercicio moderado o leve. El estudio se ha realizado a través del Proyecto SUN, dirigido por el catedrático de la Universidad de Navarra Miguel Ángel Martínez, en más de 10.000 personas que no sufrían síndrome metabólico al inicio de la investigación. El seguimiento de las personas participantes se ha realizado durante una media de seis años. Los resultados han sido publicados en la revista científica American Journal of Preventive Medicine.

El síndrome metabólico (SM) es un conjunto de enfermedades que aumentan el riesgo cardiovascular, como niveles altos de glucosa, tensión arterial, triglicéridos en niveles elevados, HDL bajo (también llamado colesterol bueno) u obesidad abdominal. Por lo tanto “en estos casos, las personas que sufren SM tienen más probabilidad de sufrir una cardiopatía, un accidente cerebrovascular (ictus), diabetes mellitus tipo 2, enfermedad renal y problemas de circulación”, asegura el Dr. Alejandro Fernández Montero, especialista en Medicina del Trabajo de la Clínica Universidad de Navarra y uno de los coordinadores de esta investigación.

Se trata del primer estudio que relaciona la intensidad del ejercicio físico en relación con el síndrome metabólico, teniendo en cuenta los estilos de vida y factores dietéticos. “Esto quiere decir que hemos incluido otros factores como la dieta mediterránea, consumo de fast food, horas delante del televisor, tiempo de ejercicio físico, etc…, porque podría ocurrir que los que hacen ejercicio intenso cuidasen más su alimentación y realizasen estilos de vida más saludables y entonces no sabríamos si lo que previene es este tipo de ejercicio o los hábitos alimenticios y de vida”, explica. “Así, teniendo en cuenta estos factores, hemos comprobado que el ejercicio físico vigoroso previene en mayor medida el síndrome metabólico que la práctica deportiva leve o moderada”, añade. De hecho, los participantes del estudio mayores de 55 años que realizan ejercicio vigoroso presentan un 90% menos de riesgo de padecer síndrome metabólico frente aquellos que realizan ejercicio de intensidad leve.

Mayor rendimiento deportivo y beneficios para la salud

La intensidad de ejercicio físico se mide en equivalentes metabólicos (mets) y, para considerar que se practica de modo vigoroso, el esfuerzo tiene que ser superior a 6 mets. Por ejemplo, andar a paso ligero equivaldría a unos 2,5 mets, caminar a paso muy rápido a unos 4,5 como máximo. La natación se traduce en unos 6 mets, jugar un partido de fútbol 7 mets, el footing (8km/h) 8 mets y el atletismo, como por ejemplo, correr a 5min/km, alrededor de 12 mets.

“Cuando comparamos los efectos entre la intensidad y el tiempo de ejercicio físico, concluimos que ejerce un mayor beneficio la intensidad que el tiempo que se dedica a la práctica del ejercicio físico en el tiempo libre”, asegura.

La mejor alternativa es acudir a un especialista en medicina deportiva.

Los problemas de iniciarse en la práctica de ejercicio físico vigoroso

El especialista concreta que lo realmente saludable es adquirir la capacidad de realizar ejercicio vigoroso. Por eso, es necesario saber cómo conseguir un mayor rendimiento deportivo y el máximo beneficio para la salud cuando se practica ejercicio físico.

“Estos resultados se han obtenido en participantes con un buen estado saludable, sin embargo, hay personas que no obtendrán beneficios cuando practiquen este tipo de deporte porque lo que están haciendo es dañino para su salud, ya que pueden sufrir patologías previas y no ser conscientes de ello”, advierte el doctor. “Antes de comenzar la práctica de una actividad deportiva de manera vigorosa, hay que descartar cualquier alteración anatómica o funcional del corazón”, concreta.

Por este motivo, la mejor alternativa es acudir a un especialista en medicina deportiva para valorar el estado del corazón y su resistencia. Este tipo de valoración debe incluir pruebas que ayuden a descartar cualquier tipo de cardiopatía (electrocardiograma, ecocardiograma, análisis de sangre, etc.) y una prueba cardiopulmonar de esfuerzo en bicicleta o en cinta rodante. “Estas pruebas nos permiten diseñar programas de ejercicio específicos según el objetivo de la persona, desde perder peso hasta mejorar tiempos en una maratón. El especialista le ayudará también a determinar la efectividad del ejercicio, ya que algunas personas que hacen deporte de forma habitual no saben a qué frecuencia cardiaca y a qué intensidad hay que ejercitar para obtener un mayor beneficio”, explica.

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Actividad Física y Deporte Innovación e Investigación Nutrición

La sal, esencial para la vida humana pero con moderación

“Los españoles consumimos 9,7 gramos de sal diarios, el doble de la cantidad recomendada”, alertan los expertos;  la OMS aconseja que el  consumo medio de sal sea de 5g diarios, lo equivalente a una cucharada de café; o a 2g de sodio al día.

• Se considera que un alimento contiene mucha sal si aporta más de 1,25g por cada 100g, o poca sal si aporta menos de 0,25g por cada 100g.

• Hasta el 72% de la sal que consumimos proviene de alimentos procesados, especialmente de embutidos, pan, quesos y platos preparados.

• Para conocer la cantidad de sal presente en los alimentos envasados se aconseja leer siempre el etiquetado nutricional.

En España, los datos publicados por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) sobre el consumo de sal de la población española, indican que se ingieren 9,7g de sal al día, cifra muy superior a la recomendada.

El Cloruro de Sodio es esencial para la vida humana. Mantiene el balance de líquidos en el organismo; y hace que circulen la sangre y los fluidos extracelulares. Además es básica para sostener funciones primarias como respirar o digerir.  Cada uno de nosotros porta aproximadamente un cuarto de kilo de Sal en el organismo. Su ausencia produce apatía, debilidad, desvanecimiento, anorexia, baja presión arterial, colapso circulatorio, shock e incluso la muerte.

Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras instituciones sanitarias internacionales recomiendan para la población adulta en general con una vida sana y sin esfuerzos prolongados el consumo medio de 5g de sal al día, “lo que equivale a una cucharadita de café o a 2g de sodio al día, y que se garantice que sea sal yodada”, apuntan los doctores Emilia Cancer y Francisco Botella, miembros del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

En España, los datos publicados por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) sobre el consumo de sal de la población española, indican que se ingieren 9,7g de sal al día, cifra muy superior a la recomendada. “En concreto, el 87,5% de la población ingiere más de 5g de sal al día, el 20% de la sal ingerida se añade en el cocinado-mesa, el 72% de la sal ingerida proviene de alimentos procesados (sal oculta), especialmente embutidos, pan y panes especiales, quesos y platos preparados. Además, hay documentos que señalan que los españoles no saben qué sal compran (si sal marina, yodada, etc.), por tanto no se utiliza de forma universal la sal yodada”, alertan desde la SEEN.

Como explican los expertos, podemos dividir la sal que consumimos en ‘visible’ e ‘invisible’. En contraste con la creencia popular de que la sal añadida durante el cocinado y condimentado de los platos (la sal ‘visible’) constituye el mayor porcentaje del consumo de sal, esta representa solo el 20%. La sal ‘invisible’, la que proviene de los alimentos, corresponde al 80% del consumo total de sal. Dentro de esta sal se encuentra la presente de forma natural en los alimentos, un 8-10% del consumo de sal total, y la sal añadida en los alimentos procesados (platos preparados, snacks, pan, quesos, cereales…), entre un 70-72% del consumo de sal en la dieta. Esta sal añadida en los procesados, al igual que la ‘visible’, es la que se puede reducir, opinan los especialistas de la SEEN.

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Existen estudios que prueban la relación entre el consumo de sal en exceso y las enfermedades cardiovasculares, y existe también una asociación epidemiológica con otras enfermedades como la osteoporosis o determinados tipos de cáncer.

Cantidades de sal de los alimentos

De acuerdo a la Sociedad, en general se considera que el alimento contiene mucha sal si aporta más de 1,25g por cada 100g, o poca sal si aporta menos de 0,25g por cada 100g.

Para conocer la cantidad de sal presente en los alimentos envasados y poder elegir así la opción más saludable debemos leer siempre el etiquetado nutricional, aconsejan desde la SEEN. Si en el etiquetado aparece referido el contenido en sodio del alimento, podemos calcular su contenido en sal multiplicando los gramos de sodio por 2,5. “Así pues, un alimento que contiene 0,19g de sodio por 100g, tiene de contenido de sal por 100g: 0,19×2,5 =0,475g. En este caso el producto tendría un contenido medio de sal”, explican desde la SEEN.

El consumo excesivo de sal y los problemas de salud derivados

La sal es indispensable para la vida, ya que es la mayor fuente de sodio de nuestra dieta, representando más del 90%, pero también parece tener un efecto perjudicial para la salud si se consume en exceso. “Existen estudios que prueban la relación entre el consumo de sal en exceso y las enfermedades cardiovasculares, y existe también una asociación epidemiológica con otras enfermedades como la osteoporosis o determinados tipos de cáncer”, advierten los doctores Cancer y Botella.

Estrategias para reducir el consumo de sal

Desde hace unos años, España se ha adherido al Plan Nacional de Reducción de la Sal de la Unión Europea. Este plan incluye estudios para conocer el consumo de sal en la población española y las principales fuentes de sal, la aplicación de acciones de sensibilización pública y la promoción de la educación alimentaria en la escuela. Estas iniciativas, a través de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), se enmarcan en un plan estratégico más amplio como es la estrategia NAOS (Estrategia para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad) con un programa de reducción del consumo de sal. Las actuaciones, explican desde la SEEN, se han enfocado en actuaciones sobre el pan, los productos cárnicos elaborados, quesos y alimentos precocinados, con acuerdos directos con la industria alimentaria, y así como controles del contenido de sal y estudios poblacionales de excreción de sal.

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Una forma fácil para reducir la sal en la dieta es no añadírsela a los alimentos, a los guisos, o a las ensaladas y en su lugar reemplazar el sabor con hierbas, especias, limón, vinagre, pimienta, ajo, etc

Algunos consejos para reducir el consumo de sal en el día a día

Según aconsejan desde la SEEN, una forma fácil para reducir la sal en la dieta es no añadírsela a los alimentos, a los guisos, o a las ensaladas y en su lugar reemplazar el sabor con hierbas, especias, limón, vinagre, pimienta, ajo, etc. No echar sal mientras cocinamos, sino al probar la comida es otra recomendación.

“Existe una amplia gama de alimentos con contenido reducido de sal que pueden sustituir a las variedades que habitualmente se consumen con más sal. Si los vamos incorporando de manera gradual a nuestra dieta, favoreceremos el cambio a sabores menos salados sin que se aprecie gran diferencia. El contenido de sal puede oscilar dependiendo de las variedades y las marcas, por esto es necesario comprender el etiquetado nutricional y elegir las opciones más saludables. También hay que resaltar que la cantidad de sal consumida va en relación a la cantidad de alimento ingerido. No es necesario dejar de comer alimentos con alto contenido en sal, simplemente reducir su frecuencia de consumo e intentar elegir la opción o marca que contenga menos. De esta forma se fomenta el consumo de alimentos con menos sal, presionando a la industria alimentaria a fabricar estos productos con menos sal añadida”, sentencian los especialistas desde la SEEN.

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endocrinología Nutrición

Las dietas vegetarianas, un desafío para los pediatras

• Una dieta vegetariana o vegana mal planificada puede generar consecuencias negativas sobre la salud e influir en el crecimiento de los niños

• La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) considera fundamental prestar especial atención a la alimentación vegetariana o vegana en cada una de las diferentes edades.

• Las elevadas cifras de sobrepeso y obesidad infantil en nuestro país preocupan a los pediatras, quienes lo han reflejado en su mesa redonda “Sobrepeso y obesidad infantil: No tiramos la toalla”.

• La entrevista clínica motivadora es una técnica personalizada para tratar la obesidad que permite al paciente conducir su propio proceso de cambio de comportamiento alimenticio involucrándose en su proceso de salud.

pediatria

Una dieta vegetariana o vegana mal planificada puede generar consecuencias negativas sobre la salud e influir en el crecimiento de los niños, recuerdan los especialistas.

Cada día son más las familias que adoptan una dieta vegetariana o vegana en nuestro país, lo que obliga a pediatras y médicos de familia a familiarizarse con este tipo de alimentación, ya que generalmente no han recibido formación sobre el tema durante sus estudios, y necesitan poder proporcionar la información adecuada a los padres. La Academia Americana de Nutrición y Dietética, así como otras sociedades médicas, consideran que estas dietas bien planificadas son perfectamente adecuadas y saludables para niños de todas las edades, no obstante si no se desarrollan bien pueden generar consecuencias negativas sobre la salud e influir en el crecimiento de los niños y adolescentes.

Por ello desde la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) han querido prestarle especial atención a este tema, y han organizado el seminario “Niños vegetarianos, ¿niños sanos?”. Éste ha tenido lugar durante la celebración en Madrid de su 14º Curso de Actualización, coordinado por la Dra. Mª Jesús Esparza, y ha contado con la participación como ponente de la Dra. Miriam Martínez Biarge, pediatra del Department of Paediatrics del Imperial College NHS Trust- Hammersmith Hospital de Londres (Reino Unido).

Se dice que una persona es vegetariana cuando se abstiene de comer carne, pescado, marisco o cualquier producto elaborado con estos alimentos, pudiendo o no incluir en su dieta alimentos derivados de otros animales como huevos, lácteos o miel. Por otro lado, las personas veganas son aquellas consideradas vegetarianos totales, es decir, que no comen ningún alimento o derivado de origen animal.

“Tiempo e información a las familias son dos aspectos necesarios para contribuir a que los niños vegetarianos y veganos tengan todos los nutrientes necesarios para su crecimiento y normal desarrollo”, explica la doctora Martínez.

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Los alimentos sólidos se pueden introducir de la misma manera que para los niños no vegetarianos, a partir de los 6-7 meses.

Es importante prestar especial atención a la alimentación vegetariana o vegana en cada una de las diferentes edades. Al igual que con todos los bebés, la lactancia materna es la forma de alimentación ideal para los lactantes vegetarianos o veganos, por lo que ésta debe ser apoyada; en este sentido, “es importante asegurarse de que estas madres tomen un suplemento regular de vitamina B12 y yodo”, apunta la doctora.

Los alimentos sólidos se pueden introducir de la misma manera que para los niños no vegetarianos, a partir de los 6-7 meses, “reemplazando la carne por productos como lentejas, garbanzos, guisantes o tofu”, aclara.

A partir de los dos años de edad, la alimentación debería parecerse a la del resto de la familia, dependiendo el número de raciones de la edad, los niveles de actividad física o las características personales de cada niño.

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Según afirma la experta, a la hora de alimentar a niños vegetarianos o veganos conviene prestar especial atención a ciertos nutrientes:

* Proteínas: las mejores fuentes de proteínas en la alimentación vegetariana y vegana son las legumbres y los frutos secos y semillas, que deben estar presentes en la dieta a diario. En una alimentación vegetariana o vegana bien planificada las proteínas no tienen por qué constituir un problema.

* Grasas: son muy importantes en la alimentación infantil y ninguna dieta debería restringirlas. Las mejores fuentes de grasas en las dietas vegetarianas o veganas son los frutos secos y las semillas, los aguacates y el aceite de oliva.

* Calcio: en los primeros 2 años los bebés obtienen el calcio a partir de la leche materna o de fórmula; en los mayores de 2 años, además de productos lácteos, otras buenas fuentes de calcio son las verduras de hoja verde, el tofu, las leches (y yogures) vegetales enriquecidas y las legumbres. Los niños (vegetarianos o no) que no se expongan al sol regularmente pueden necesitar suplementos de vitamina D.

* Vitamina B12: sólo se encuentra de forma natural en los alimentos de origen animal, por lo que, aunque los productos lácteos y huevos, así como los alimentos enriquecidos aportan pequeñas cantidades de esta vitamina, se recomienda que todas las personas vegetarianas y veganas tomen un suplemento semanal de vitamina B12.

Los pediatras no se rinden ante el sobrepeso y la obesidad infantil

Por otro lado, como ha recordado la presidenta de la AEPap, la Dra. Concha Sánchez Pina, las elevadas cifras de sobrepeso y obesidad infantil en nuestro país son de sobra conocidas por todos, y tanto las autoridades sanitarias como los profesionales afirman que las claves para combatirla están en una dieta sana, la práctica del ejercicio físico y mejoras en el etiquetado y en la limitación real de la publicidad dirigida a la población infantil de alimentos y bebidas no saludables, entre otras medidas que deberían negociarse con expertos. No obstante el ritmo de vida actual, así como las influencias de la industria alimentaria dificultan esta labor para las familias.

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Los pediatras no se rinden ante el sobrepeso y la obesidad infanti.l

Bajo el nombre “Sobrepeso y obesidad infantil: No tiramos la toalla”, los doctores Hernán Cancio López, psicólogo y director del Instituto Antae y el Dr. Carlos Casabona Monterde, pediatra de Atención Primaria en Santa Cristina de Aro (Girona) y autor del libro “Tú eliges lo que comes”, han sido los encargados de acercar este debate a los pediatras asistentes.

Hay determinados factores que favorecen el sobrepeso y la obesidad infantil, “muchas veces los padres no son conscientes de que, por ejemplo, hay ciertas leches de crecimiento con cereales, galletas y cacao que contienen elevadas dosis de azúcares añadidos, lo que puede condicionar el inicio de un sobrepeso en los niños”, explica el doctor Casabona. También es frecuente encontrar muchas variedades de cereales ‘de desayuno’ con demasiado azúcar, insiste el pediatra.

Que retiren la cara, taparse la boca, llorar o gritar pueden ser la clave para entender que los bebés y niños pequeños están llenos; “a veces los padres se preocupan cuando los niños no comen y les animan a continuar sin respetar sus signos de saciedad”, apunta el doctor. En cuanto a los niños de mayor edad, no conviene sobornarles o hacer juegos para conseguir que coman más.

Es fundamental que los padres sirvan de ejemplo para los más pequeños, comer saludable, en familia y sin ver la televisión u otros dispositivos son a veces gestos sencillos que contribuyen a proteger a los más pequeños del sobrepeso o la obesidad. El Dr. Casabona también afirma que la inclusión de dietistas-nutricionistas en la Atención Primaria es necesaria para tener más garantías de éxito con este problema.

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“No se puede obligar a un niño, a hacer algo contra su voluntad, es necesario persuadirle y hacer equipo, padres, profesionales”, según los expertos.

Abordar la obesidad infantil en consulta es una tarea complicada que requiere de un conjunto de actitudes, conocimientos y habilidades que faciliten al profesional esta labor.

Como afirma el doctor Hernán Cancio, la relación de los pediatras con el niño y su familia es crucial. Sugerir y no imponer el cambio, fomentar la responsabilidad dando la opción de elegir, hacer partícipe al niño, ser sensible a las dificultades y escuchar las emociones son algunos de los ingredientes que van a permitir que haya mejores resultados y cambios en el estilo de vida. “La información sirve para cambiar actitudes, pero si queremos cambiar conductas debemos de llegar a la emoción” explica el psicólogo.

Lo más útil es dirigir una entrevista clínica motivadora, se trata de una técnica relacional personalizada que permite al paciente conducir su propio proceso de cambio de comportamiento involucrándose en su proceso de salud, adoptando determinadas actitudes y estando abierto a las emociones por medio de la empatía, “no se puede obligar a un niño, a hacer algo contra su voluntad, es necesario persuadirle y hacer equipo, padres, profesionales y el propio niño”, señala el doctor Cancio.

Si existe tensión previa en casa y discusiones debido a la comida, cosa frecuente cuando los padres son delgados y el niño no lo es, es conveniente cortar estas actitudes y centrarse en el tema de la comida, “liberar al niño del control paterno y materno ayuda a que se responsabilice y ponga de su parte”. En la entrevista clínica motivacional “se sugiere y propone, jamás se impone” concluye el experto.

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Hacia los tratamientos “a la carta” para el asma

• Los nuevos medicamentos para el asma abren la posibilidad de las terapias “a la carta”, según se desprende la XIII Reunión de de Controversias y Novedades en Alergia (CYNA) celebrada en Madrid.

• La visión clásica del tratamiento del asma en escalones terapéuticos será matizada en el futuro por un enfoque del tratamiento según los fenoendotipos del paciente.

• Asma, dermatitis de contacto y el eccema de manos son las tres alergias laborales más frecuentes.

• La confusión entre intolerancia y alergia a alimentos repercute negativamente en la calidad de vida de los pacientes.

• Más de 400 alergólogos nacionales e internacionales se reúnen hoy y mañana en Madrid para abordar los temas candentes en Alergología e Inmunología Clínica.

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El 20% de los asmáticos no responde a los esteroides inhalados.

En el futuro será posible un enfoque del tratamiento del asma por fenoendotipos, esto es, terapias que tengan en cuenta, además de las características clínicas, o funcionales del paciente, otros marcadores biológicos de efectividad que puedan medirse de forma fácil y, determinados polimorfismos genéticos relacionados con esa mayor eficacia.

Los alergólogos aseguran que el papel de las características fenotípicas y endotípicas del asma en este momento es solo teórica, pero probablemente en pocos años puede conducir al denominado tratamiento “a la carta”, individualizado para cada paciente de acuerdo con los mecanismos relevantes en cada caso.

Este y otros controvertidos temas han sido puestos de manifiesto por la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) durante la XIII Reunión de Controversias y Novedades en Alergia (CYNA) que se acaba de celebrar en Madrid.

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Identificar marcadores (biomarcadores o marcadores funcionales o clínicos) permitirá conocer a los buenos respondedores en general, no solo a los fármacos biológicos.

Los nuevos tratamientos biológicos

Tal y como explica el doctor Luis Prieto, jefe de la Sección de Alergología del Hospital Doctor Peset de Valencia y uno de los coordinadores de la Jornada CYNA, “los nuevos tratamientos biológicos parecer aportar una solución para el abordaje de una proporción de pacientes que no responden al tratamiento convencional”.

“Es muy interesante pensar que podemos administrar a cada paciente el tratamiento más eficaz posible para cada caso. Por ejemplo, el 20% de los asmáticos no responde a los esteroides inhalados y es evidente la necesidad de poder identificar buenos y malos respondedores antes de iniciar el uso de estos fármacos, apunta el especialista. Identificar marcadores (biomarcadores o marcadores funcionales o clínicos) permitirá conocer a los buenos respondedores en general, no solo a los fármacos biológicos”.

En los últimos años existe una tendencia a catalogar a los pacientes en fenotipos, de acuerdo con las diferentes formas de presentación clínica e inflamatoria y la respuesta al tratamiento, y en endotipos, en los que se identifican los mecanismos biológicos o patogénicos involucrados en la génesis del proceso. “En esta clasificación deja de tener sentido la clásica visión del tratamiento del asma en escalones terapéuticos para conseguir el control y evitar el riesgo futuro”, añade el doctor.

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La dermatitis de contacto y el eccema de manos son, junto al asma, las dos enfermedades laborales más s frecuentes.

Alergias laborales más frecuentes

La dermatitis de contacto y el eccema de manos son, junto al asma, las dos enfermedades laborales más frecuentes. Una alergia “laboral” es aquella enfermedad en la que el sistema inmunológico funciona de manera inadecuada generando una reacción excesiva ante la exposición en el trabajo a un agente sensibilizante. “Este tipo de alergia crece rápidamente debido al uso continuado de determinados productos de limpieza, cosméticos, manipulación de metales, etcétera. Hay que tenerlas muy en cuenta porque reducen el rendimiento laboral, pudiendo llegar incluso a causar una incapacidad, y generar costes a la sociedad y a las empresas.”, detalla el doctor Joaquín Sastre, presidente de la SEAIC.

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Los pacientes afectados peregrinan entre especialistas

“Con el objetivo de disponer de un diagnóstico específico e identificar los posibles agentes que provocan la reacción alérgica, debe solicitarse consulta con el médico especialista. En este caso, el abordaje puede ser compartido por neumólogos, dermatólogos y alergólogos”, recuerda el doctor Sastre.

Alergia vs. Intolerancia a los alimentos

Otro de los temas que se tratará en la reunión es la intolerancia a los alimentos desde dos perspectivas diferentes: la del digestólogo y la del nutricionista. La doctora Montserrat Fernández Rivas, jefe del Servicio de Alergia del Hospital Clínico San Carlos de Madrid y coordinadora también de CYNA aclara que “la alergia a los alimentos incluye todas las reacciones adversas a los mismos mediadas por un mecanismo inmunológico. Las mediadas por anticuerpos IgE son las más frecuentes y mejor conocidas y para las que disponemos de pruebas diagnósticas adecuadas. Además son las responsables de reacciones de aparición inmediata (en las primeras dos horas generalmente) tras la ingestión del alimento, con lo que son generalmente más fáciles de identificar”.

“Cuando las reacciones adversas a los alimentos no se producen por un mecanismo inmunológico hablamos de intolerancias a los alimentos. Se pueden producir por diferentes mecanismos, pero lo más frecuente es que sea por déficits enzimáticos en el epitelio intestinal. Se manifiesta con síntomas digestivos: dolor, distensión abdominal, gases…”, apunta la alergóloga.

De la misma forma que en las alergias “laborales”, los pacientes con manifestaciones digestivas deben ser atendidos de manera coordinada por un digestólogo, un nutricionista y un alergólogo. “Los afectados peregrinan entre especialistas. En ocasiones son atendidos por gastroenterólogos por alteraciones funcionales delintestino, otras veces modifican su dieta sin consultar con un experto y así van empeorando su calidad de vida”, recalca la doctora Fernández Rivas.

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