Nuevas técnicas intervencionistas para los nefrólogos

• Especialistas de toda España mejoran sus destrezas en este tipo de procedimientos en el Centro de Simulación Médica Avanzada de Granada (CMAT) de IAVANTE.

•Las llamadas técnicas intervencionistas ecoguiadas mejoran los resultados de la colocación y retirada de catéteres para hemodiálisis y peritoneales, así como de la biopsia renal percutánea

• Una experiencia pionera llevada a cabo entre los hospitales Virgen Macarena y Virgen del Rocío de Sevilla muestra que el uso de estas técnicas de forma autónoma por el nefrólogo disminuye el número pacientes que inician diálisis de forma no programada 

Las llamadas técnicas intervencionistas ecoguiadas mejoran los resultados de la colocación y retirada de catéteres para hemodiálisis y peritoneales, así como de la biopsia renal percutánea

El uso de técnicas intervencionistas ecoguiadas que permitan al nefrólogo gestionar de forma autónoma la colocación de catéteres para hemodiálisis y diálisis peritoneal, así como la biopsia renal percutánea, evita complicaciones y reduce tiempos de espera para el paciente. De ahí que nefrólogos de toda España se hayan dado cita estos días en el Centro de Simulación Médica Avanzada de Granada (CMAT) de IAVANTE, en un curso impartido por la Sociedad Española de Nefrología (S.E.N.) con el objetivo de mejorar sus destrezas en el uso estas técnicas.

Uno de los mayores beneficios del manejo de estas técnicas ecoguiadas por parte de los nefrólogos es que le permiten con alto grado de éxito y minimizando las complicaciones asociadas a la punción vascular a ciegas, la colocación, recambio o retirada de catéteres permanentes para hemodiálisis en lugar transitorios. La evidencia científica disponible avala que los pacientes que inician tratamiento renal sustitutivo (TRS) de forma no programada, mediante catéter transitorio (CT), presentan un mayor número de ingresos, mayor consumo de recursos y mayor morbilidad, con impacto negativo sobre supervivencia.

Como explica Mercedes Salgueira, tesorera de la S.E.N que forma parte del profesorado de este curso, “conseguir un acceso vascular definitivo es indispensable para realizar hemodiálisis y aunque lo deseable es la creación quirúrgica de una Fístula Arterio venosa (FAVi), cuanto esto no es posible por las características del paciente, el uso Catéteres Permanentes Tunelizados (CPT) como acceso vascular definitivo es una alternativa terapéutica eficaz que disminuye la tasa de infecciones, de hospitalización y la mortalidad asociada a la colocación de un catéter transitorio”.

Tanto es así que Salgueira refiere la experiencia llevada a cabo en los hospitales Virgen Macarena y Virgen del Rocío de Sevilla de forma conjunta entre 2014 y 2015. “Nos planteamos desarrollar un programa de Nefrología Intervencionista que garantizara la autonomía para gestionar la implantación de catéteres tunelizados y catéteres permanentes por parte de la UGC, buscando minimizar el uso del catéter transitorio como acceso vascular inicial. El resultado fue abrumador, disminuyendo el porcentaje de pacientes que inician diálisis de forma no programada (es decir, con catéter transitorio), del 73.3 % en 2014 al 28.9% en 2015”.

La acción formativa se ha desarrollado a lo largo de dos jornadas eminentemente prácticas en las que el alumnado se ha capacitado en el uso de estas técnicas mediante tres niveles de formación: en paciente simulado, en modelo animal vivo (Sus scrofa) y en modelo cadáver humano criopreservado. El curso ha incluido tanto talleres de formación por simulación escénica como talleres de cirugía experimental.

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Las personas obesas tienen el doble de posibilidades de sufrir enfermedad renal crónica

•El ejercicio físico y una dieta baja en calorías reduce en un 30% el riesgo de incidencia de enfermedad renal crónica (ERC) en personas con diabetes y obesidad.

• Los pacientes con obesidad tienen casi el doble de posibilidades de sufrir Enfermedad Renal Crónica (ERC), una patología que se caracteriza básicamente por una pérdida progresiva de las funciones normales del riñón (eliminación de sustancias, agua, producción de hormonas necesarias para proteger nuestros huesos, evitar la anemia y el envejecimiento prematuro).

•La obesidad impacta sobre la salud renal de forma directa, así como a través de la diabetes y la hipertensión: también incrementa el riesgo de sufrir enfermedad crónica terminal y padecer cálculos renales.

•-Entre un 10% y un 27% de los cánceres renales pueden atribuirse al exceso de peso.El IMC (peso/altura) se revela como un índice insuficiente para la correlación entre obesidad y daño renal: el índice cintura/cadera muestra una mayor eficacia

Las personas con obesidad tienen casi el doble de posibilidades más de sufrir Enfermedad Renal Crónica que una persona sana, en concreto un 83% de posibilidades más.

Con motivo de la próxima celebración del Día Mundial contra la Obesidad, la Sociedad Española de Nefrología (S.E.N), que engloba a más de 2.000 nefrólogos de toda España, ha advertido que las enfermedades renales, incluyendo la Enfermedad Renal Crónica (ERC), los cálculos renales y los cánceres renales, se encuentran entre los efectos más relevantes y nocivos del exceso de peso. La cara positiva de esta realidad es la posibilidad efectiva de prevención y sus resultados ciertos: el ejercicio físico y una dieta sana reducen el riesgo de incidencia de Enfermedad Renal Crónica en personas obesas. En los pacientes diabéticos, esta reducción del riesgo de incidencia es de hasta un 30%.

Así lo muestra un estudio publicado en la Revista Nefrología de la S.E.N., el cual recoge las evidencias científicas e investigaciones más notables sobre la correlación entre la obesidad y las patologías renales. Según los datos de estudio, las personas con obesidad tienen casi el doble de posibilidades más de sufrir Enfermedad Renal Crónica que una persona sana, en concreto un 83% de posibilidades más. Se estima, de hecho, que el 13,8% de la ERC en hombres y el 24,9% de la ERC en mujeres de países industrializados pueden estar asociadas con el sobrepeso o la obesidad y que la incidencia de enfermedades renales asociadas a la obesidad se ha incrementado 10 veces en los últimos años. Asimismo, la obesidad es un factor de progresión de la Enfermedad Renal Crónica a través del aumento de proteinuria o aparición de la misma.

Una de las conclusiones más importantes de las distintas investigaciones recogidas en este estudio es que el impacto de la obesidad sobre la ERC es tanto indirecto (a través de otros factores de riesgo asociados) como directo. La obesidad genera daño renal de forma indirecta al desencadenar la aparición de diabetes e hipertensión, condiciones que se encuentran entre los factores de riesgo más importantes para el desarrollo de Enfermedad Renal Crónica. Pero lo hace también de forma directa, como muestra el gráfico, asociado a la producción de determinadas hormonas y al desarrollo de inflamación, estrés oxidativo, metabolismo lipídico anormal, activación del sistema renina–angiotensina-aldosterona, incremento de la producción de insulina y mayor resistencia a la insulina.

 

“Las estrategias para controlar la epidemia de ERC relacionada con la obesidad y contrarrestar la evolución a insuficiencia renal en pacientes obesos representa una de las tareas más importantes que enfrentan los sistemas de salud, así como los nefrólogos de hoy en día”, explica la presidenta de la S.E.N., María Dolores del Pino, que añade: “La obesidad es un problema de salud pública que, desafortunadamente, agrava otro gran problema como es la enfermedad renal crónica, que ya afecta a 7 millones de personas en nuestro país”.

Cálculos renales y neoplasias
La obesidad se asocia también con una serie de factores de riesgo que contribuyen a la alta incidencia y prevalencia de cálculos renales o nefrolitiasis (formación de un trozo de material sólido dentro del riñón a partir de sustancias que están en la orina), más conocidas como “piedras en el riñón”. Según muestra el estudio, un mayor peso corporal se asocia con menor pH urinario, aumento de oxalato urinario y mayor excreción urinaria de ácido úrico, sodio y fósforo. Asimismo, las dietas ricas en proteínas y sodio pueden contribuir a la acidificación de la orina y a la disminución del citrato urinario, lo que también contribuye al riesgo de desarrollo de cálculos renales. Finalmente, la resistencia a la insulina, característica de la obesidad, también puede predisponer al desarrollo de nefrolitiasis.

Las investigaciones también demuestran el impacto de la obesidad en las neoplasias renales, y entre ellas el cáncer renal, si bien los mecanismos que hay detrás del mayor riesgo de aparición de neoplasias renales en individuos obesos no son del todo claros. En un estudio poblacional del Reino Unido, que incluyó 5,24 millones de individuos, el incremento en el IMC de 5kg/m2 se asoció con un riesgo mayor del 25% de desarrollo de cáncer renal. Ese estudio atribuyó el 10% de todos los cánceres renales al exceso de peso. Otro estudio que analizó la carga global de obesidad en la aparición de neoplasias estimó que un 17 y un 26% de todos los cánceres renales en hombres y mujeres, respectivamente, fueron atribuibles al exceso de peso. La asociación entre obesidad y cáncer renal fue consistente tanto en hombres como en mujeres y entre poblaciones de diferentes partes del mundo, en un metaanálisis que incluyó datos de 221 estudios, de los cuales 17 evaluaron neoplasias renales. Entre las neoplasias evaluadas en este último estudio, el cáncer renal tuvo el tercer lugar de riesgo más alto asociado con obesidad.

El estudio publicado por la S.E.N. concluye que no es el mejor indicador para la correlación entre obesidad y daño renal y que el índice cintura/cadera muestra una mayor eficacia.

El IMC, un indicador insuficiente 
Según la Organización Mundial de la Salud, se asume que una persona tiene un peso normal cuando su Índice de Masa Corporal (IMC) se sitúa entre 18 y 25 kg/m2, mientras que un IMC superior a 30 kg/m2 implica obesidad. El estudio publicado por la S.E.N. concluye que no es el mejor indicador para la correlación entre obesidad y daño renal y que el índice cintura/cadera muestra una mayor eficacia. “El IMC es fácil de calcular, pero solo nos proporciona una pobre estimación de la distribución de la grasa corporal, ya que individuos musculosos o aquellos con más tejido graso subcutáneo pueden tener un IMC tan alto como aquellos individuos con mayor masa grasa intraabdominal”, dice el estudio de la S.E.N., que agrega que es “este último tipo de IMC elevado el que está asociado con un riesgo sustancialmente mayor de desarrollar enfermedad metabólica y cardiovascular”. Los parámetros alternativos para medir de forma más precisa la grasa visceral incluyen la circunferencia de la cintura (CC) y el índice cintura/cadera (ICC): > 102cm y 0,9, respectivamente para hombres, y > 88cm y > 0,8 para mujeres.

Una epidemia creciente
La obesidad afecta a más de 600 millones de personas en todo el mundo y se estima que se incrementará un 40% en la próxima década. España es el segundo país de Europa con más personas con sobrepeso u obesidad, un trastorno que afecta al 25% de los españoles. Si miramos las cifras de obesidad infantil, los datos son igual de preocupantes: dos de cada 10 niños tiene sobrepeso, y uno de cada 10 sufre obesidad. “Y todo ello tiene una vinculación con las enfermedades renales que pasa desapercibida pero que tiene un enorme impacto en términos de salud pública”, explica la presidenta de la S.E.N, que hace hincapié en la necesidad de poner en marcha políticas de prevención, expresamente centradas en la correlación entre obesidad y ERC.

“Las intervenciones poblacionales para el control de la obesidad pueden tener efectos benéficos en la prevención tanto del desarrollo como del retraso en la progresión de la ERC y corresponde a los decisores públicos, así como a toda la comunidad sanitaria el diseño de estrategias de largo alcance para mejorar la comprensión de los vínculos entre la obesidad y las enfermedades renales y así determinar estrategias óptimas para frenar esta marea que amenaza con convertirse en tsunami contra la salud pública”, concluye la presidenta de la S.E.N.

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Cómo enfrentarse al calor si tienes Enfermedad Renal Crónica

  • Este verano va a ser más caluroso de lo habitual, entre 0,5 y 1 grado con respecto la media de esta estación. Las altas temperaturas afectan especialmente a las personas con enfermedades crónicas, como el paciente renal.

 • Hay una serie de recomendaciones que pueden ayudar al paciente con ERC a sobrellevar el calor en las mejores condiciones posibles para su enfermedad. En saludentuvida.com te las ofrecemos.

Los expertos recomiendan subirse a la báscula a diario para controlar su peso y así saber si puede ingerir más o menos líquidos.

Los riñones de los pacientes con Enfermedad Renal Crónica (ERC) en Hemodiálisis no son capaces de eliminar sustancias tóxicas para ellos, entre la que se encuentran potasio, fósforo, el agua y la sal. Por lo que es fundamental que, independientemente de la época del año, controlen y limiten su consumo, Sandra Castellano, nefróloga de Fresenius Medical Care, “la cantidad de líquido que el paciente renal puede ingerir depende de lo que elimine, habitualmente les decimos medio litro diario más de lo que orinen, pero en ese líquido diario incluimos tanto lo que beben cómo lo que comen, por ejemplo ,sopas, frutas…”.

En verano, las altas temperaturas y los excesos en vacaciones, pueden provocar que algunos pacientes con ERC no cumplan estas recomendaciones, lo que afecta directamente a su salud y su tratamiento, Sandra Castellano, nefróloga Fresenius Medical Care, “durante la diálisis les detoxificamos la sangre, pero también les quitamos agua, con lo que bajamos el peso con el fin de dejar al paciente con su sangre “limpia” y en su “peso seco”, es decir, el peso sin el líquido acumulado que le pueda perjudicar. Lógicamente cuanto menos líquido traiga el paciente a diálisis, menos líquido hay que quitar durante la sesión de diálisis y mejor va a tolerar la sesión de hemodiálisis”.

Hay una serie de recomendaciones que pueden ayudar al paciente con ERC a

sobrellevar el calor en las mejores condiciones posibles para su enfermedad. Estas son:

· Subirse a la báscula a diario para controlar su peso y así saber si puede ingerir más o menos líquidos.

· Beber agua a sorbos y lentamente.

· Evitar las bebidas con gas o carbonatadas, aumentan la sensación de sed y tienen alto contenido en fósforo y sodio.

· Suprimir o limitar la sal, y si la consumen, es más recomendable la de mesa ya que las sales hiposódicas contienen potasio.

· Vigilar los niveles de azúcar. Las personas diabéticas mal controladas padecen a menudo mucha sed que les puede hacer beber más líquidos.

· Comer frutas congeladas, preferiblemente pera, manzana y sandía. Frutas de temporada, como la cereza, el melocotón y el melón están contraindicadas por su alto contenido en potasio.

· Para saciar la sed, como alternativa a los líquidos, pueden tomar: chicles y caramelos sin azúcar y cubitos de hielo (de agua o zumo de limón diluido).

· Enjuagarse la boca con agua fría, aumenta la sensación de frescor.

· Utilizar ropa transpirable y holgada.

· Conservar adecuadamente los medicamentos. Algunos deben mantenerse en el frigorífico, y otros no pueden estar a más temperatura de 25-30 grados. Seguir las indicaciones del especialista.

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Mejor un riñón de 75 años que diálisis en lista de espera

 • Los pacientes trasplantados con un riñón de un donante mayor de 75 años tuvieron mejor supervivencia frente a aquellos que permanecieron en diálisis en lista de espera de trasplante, con una reducción en la mortalidad global de un 60%.

• La mejora fue especialmente relevante en aquellos receptores con una edad inferior a 65 años, siendo el beneficio en reducción de mortalidad de más del 80%.

• Este estudio, realizado conjuntamente por nefrólogos del Hospital del Mar y el Registre de Malalts Renals de Catalunya, será presentado de manera pormenorizada en el 46º Congreso de la Sociedad Española de Nefrología.

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Los pacientes trasplantados con un riñón de un donante mayor de 75 años reducen su mortalidad en un 60% frente a aquellos que permanecen en diálisis en lista de espera de trasplante.

Un estudio retrospectivo realizado conjuntamente por nefrólogos del Hospital del Mar y el Registre de Malalts Renals de Catalunya ha puesto de manifiesto que aquellos pacientes trasplantados con un riñón de un donante mayor de 75 años reducen su mortalidad en un 60% frente a aquellos que permanecen en diálisis en lista de espera de trasplante.

La mejor supervivencia del paciente trasplantado (incluso con un donante con criterio expandido, es decir, aquel con más de 60 años o mayor de 50 años con al menos dos de los siguientes factores de riesgo: hipertensión arterial, nivel de creatinina sérica mayor de 1,5 mg/dl o causa de muerte por accidente cerebrovascular) con respecto al paciente que permanece en diálisis es un hecho contrastado en la literatura científica desde hace años. Sin embargo, el beneficio en supervivencia con riñones provenientes de donantes de edad muy avanzada no había sido analizado previamente. Esto puede ser debido a que la edad es el factor limitante fundamental para la aceptación de donantes renales en otros medios como en Estados Unidos.

Según los resultados de este estudio –que se presentará de manera pormenorizada en el 46º Congreso de la Sociedad Española de Nefrología–, los pacientes trasplantados con un riñón de un donante mayor de 75 años mejoraron su supervivencia frente a aquellos que permanecieron en diálisis en lista de espera; en concreto los años de vida proyectados fueron 11,4 en el grupo de trasplantados frente a 6,3 en el grupo que permaneció en diálisis en lista de espera. En aquellos receptores con una edad inferior a 65 años, se observó una reducción en la mortalidad especialmente relevante, siendo el beneficio del 80%.

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Unos 4 millones de personas padecen en nuestro país enfermedad renal crónica (ERC), de las cuales algo más de 55.000 se encuentran en Tratamiento Renal Sustitutivo (TRS).

Sobre la Enfermedad Renal
Se estima que unos 4 millones de personas padecen en nuestro país enfermedad renal crónica (ERC), de las cuales algo más de 55.000 se encuentran en Tratamiento Renal Sustitutivo (TRS). Afortunadamente, más de la mitad (52%) son portadores de un trasplante renal funcionante y el resto precisa diálisis. Además, cada año, 6.000 españoles con insuficiencia renal progresan hasta la necesidad de seguir uno de los tres tipos de tipos de TRS (hemodiálisis, diálisis peritoneal o trasplante) y la prevalencia de la patología aumenta a un ritmo del 3% anual. Este incremento está relacionado con el envejecimiento de la población, con el incremento de patologías y factores de riesgo estrechamente relacionados con la enfermedad renal –enfermedad cardiovascular, diabetes, hipertensión, obesidad- y con el infradiagnóstico de la patología renal en sus estadios iniciales.

En EE.UU, los últimos estudios publicados sugieren que la ERC podría duplicarse en una década. En Europa, con una prevalencia inferior, se ha detectado un incremento anual cercano al 5%. Todos esos datos revelan la necesidad de mejorar el conocimiento social de la enfermedad renal, como se ha logrado con las enfermedades cardiovasculares, para promover así hábitos de vida saludables que contribuyan a la prevención de la patología renal. El diagnóstico temprano es otro de los grandes retos, pues casi el 25% de los pacientes ignoran su patología en fase inicial. La detección de la enfermedad renal en estadios avanzados tiene, además de un impacto elevado en la calidad de vida del paciente, un coste sanitario relevante, pues el tratamiento renal sustitutivo consume entre el 2,5 y el 3% del presupuesto del Sistema Público de Salud y un 4% de la atención especializada.

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Muévete, que los riñones no detengan su futuro

La Federación Nacional ALCER celebra un año más, hoy 10 de marzo, el Día Mundial del Riñón en España. El objetivo de este día es sensibilizar a la población española sobre la prevención de la enfermedad renal crónica.

Hay pocos datos de la incidencia de Enfermedad Renal Crónica (ERC) en la edad pediátrica. En los datos del REPIR 2 (Registro Español de ERC) se encuentra una incidencia de 8,14 pacientes por millón de población pediátrica y una prevalencia de 188 pppm. (Pacientes pediátricos por millón de habitantes).

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La Federación Nacional ALCER recuerda la importancia de la prevención del daño renal en niños, e incide en que la gestión del impacto psicosocial depende en gran medida de la atención y el cuidado tanto del niño como de los familiares y/o cuidadores

Según la doctora Laura Espinosa (Jefa del Servicio de Nefrología Pediátrica del Hospital Materno-infantil La Paz de Madrid). La forma de detectar la ERC en niños/as, es realizar pruebas de función renal, fundamentalmente la determinación de creatinina y osmolaridad en orina. Es importante conocer que la infección urinaria en pediatría puede ser la primera manifestación de una anomalía estructural y que las alteraciones comprobadas de la orina (proteinuria, hematuria) necesitan un estudio de función renal.

Según María Ángeles Pérez madre de Diego, un niño de 11 años de edad con enfermedad renal crónica Avanzada (ERCA), que participa en el Campamento CRECE desde el año 2014, “con  Diego hemos intentado tratar la enfermedad con la mayor naturalidad, intentando que él mismo se tome la medicación (sabe en cada momento que pastillas le tocan), que se vacíe la bolsa de  urostomía. En su vida cotidiana sus compañeros, profesores, amigos y familiares ven su patología como algo normal, le tratan como uno más”. Diego es un niño muy feliz, tiene su enfermedad muy normalizada y una vida normal.

En declaraciones de Julio Bogeat, psicólogo de Federación Nacional ALCER, el diagnóstico de la enfermedad renal crónica lleva consigo un ineludible impacto psicosocial tanto en niños/as como familiares y/o cuidadores. La gestión de este impacto depende en gran medida de la atención y el cuidado en estos dos niveles. Tanto la persona con enfermedad renal como sus acompañantes atraviesan en este momento un proceso de duelo ante la pérdida de la salud que debe ser tratado de la mejor forma posible. Es necesario la atención temprana a través del equipo multidiscipliar (psicólogo y del trabajador social), tres grandes emociones que entran en el proceso de duelo que vive el paciente; miedo, tristeza e ira. Cada una de estas emociones tiene el propósito de adaptarnos al medio y poder “sobrevivir” a la nueva realidad. El problema es que si no se tratan adecuadamente pueden degenerar en diferentes patologías que pueden redundar en una dificultad añadida a la enfermedad renal y que puede producir en un aumento de los costes sanitarios.

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Oscar Franco es un joven de 28 años de edad que convive con la enfermedad renal crónica desde que tenía 4 años, afirma que aunque la enfermedad renal crónica te permite realizar una vida normalizada en cualquiera de sus tratamientos es necesario cumplir una serie de restricciones dietéticas, que en el caso de los niños puede hacer que se sientan en algunas situaciones apartados de la sociedad. Por ello programas como el Campamento CRECE y en encuentro de Jóvenes, permite a los participantes convivir con otros niños/as, y/o jóvenes, que tienen su misma patología, lo que refuerza su autonomía personal.

Por su parte la presidenta de la Asociación ALCER-Bizkaia, Belén Herrera indica: La enfermedad renal en niños/as, es tremenda puesto que les va a acompañar durante el resto de su vida, necesitando durante su ciclo vital de niños, jóvenes y adultos de más de un trasplante para poder mantener una calidad de vida adecuada. La aceptación de la enfermedad supone un esfuerzo especial de adaptación social y gestión emocional en los jóvenes y sus familias. Tenemos que tener en cuenta que se trata de pacientes especiales que tienen que desarrollar su educación, carrera profesional, desarrollo familiar etc., con una patología crónica de acto impacto emocional y con tratamientos altamente invadidos. Los sistemas sanitarios modernos deben de estar preparados para atender a estos pacientes no sólo en el ámbito clínico sino que también en el social y emocional, debemos  de tender a la humanización de la sanidad preocupándonos antes de los enfermos que de las enfermedades.


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Bajo La Federación Nacional ALCER  recuerda la importancia de la prevención del daño renal en niños, e incide en que la gestión del impacto psicosocial depende en gran medida de la atención y el cuidado tanto del niño como de los familiares y/o cuidadores desde Federación Nacional ALCER invitamos a la población española a realizar una vida saludable para la prevención y el diagnostico precoz de la enfermedad renal crónica, a través de la cual puedes seguir estos consejos prácticos: Mantente en forma y activo, come alimentos saludables para asegurar una buena nutrición y un buen control de tu nivel de azúcar en sangre, revisa tu presión arterial, mantén tu peso bajo control, realiza una saludable ingesta de líquidos, no fumes y no tomes pastillas sin control médico.

Por ello es especialmente importante la prevención de la enfermedad en los niños y jóvenes, con políticas públicos que fomenten hábitos de vida saludables en alimentación, ejercicio físico etc., apostando por la investigación puesto que muchas de las enfermedades renales en niños son genéticas o hereditarias, así como la detección precoz de la misma para que los profesionales de trabajo social y de la psicología puedan trabajar con tiempo con ellos y sus familias para ayudarles en todo el proceso de adaptación y progresión de la enfermedad. Esto permite complementar el trabajo que los profesionales sanitarios llevan a cabo para ofrecerles la mejor calidad de vida posible.

Para afrontar estos problemas psicosociales en la Federación Nacional ALCER,  existe el Servicio de atención para niños/as y jóvenes con enfermedad renal con dos objetivos principales: Minimizar el impacto de la enfermedad renal crónica en la vida diaria de los niños y niñas, así como orientar y asesorar  a los familiares para gestionar correctamente los aspectos relacionados con la enfermedad renal crónica de sus hijos/as.

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