“Los trastornos mentales están infradiagnosticados en los mayores”

• En el Día Mundial de la Salud Mental, hoy 10 de octubre, los expertos reconocen que los  trastornos mentales, frecuentes en las personas mayores, impiden disfrutar de una madurez activa.

• Es frecuente que las personas mayores y sus familias, y también los profesionales, perciban los problemas de salud mental como una consecuencia inevitable del envejecimiento, y no como problemas de salud que pueden mejorar si se utiliza el tratamiento adecuado.

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La depresión en los mayores es un factor de riesgo que puede anunciar una mortalidad prematura.

Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología quiere recalcar que en general, las personas mayores se sienten más insatisfechas de su vida que las personas jóvenes. Problemas  como  depresión y  ansiedad aumentan en las últimas etapas de la vida. La depresión afecta a un índice de población con más de 65 años, entre el 10% y el 15%, aunque el número puede ser mayor incluso cuando se tiene en cuenta el espectro total de los síndromes depresivos, incluyendo la depresión subclínica.

Difícil de diagnosticar

A veces, este trastorno se infradiagnostica al imputar a la edad cambios en el estado emocional que no son propios de la misma.  Es muy frecuente encontrar depresión en personas que están ingresadas en residencias de mayores. Hay que tener en cuenta también que estos problemas de salud mental pueden interactuar en el grupo de personas mayores, haciendo que el procedimiento de valoración y de gestión sea más difícil. Para el presidente de la SEGG, el doctorJosé Antonio López Trigo “las personas mayores , sus familias y también los profesionales perciben los problemas de salud mental como una consecuencia inevitable del envejecimiento, y no como problemas de salud que pueden mejorar si se utiliza el tratamiento adecuado”.

Mujeres que viven solas, con más riesgo de problemas mentales

Hay ciertos grupos que tienen más riesgo de padecer trastornos mentales, y son los siguientes: mujeres, personas que no están casadas o viven solas, personas con enfermedades físicas y personas discapacitadas (especialmente cuando cursan con dolor y trastornos del sueño).

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Las mujeres y las personas que no están casadas o viven solasson más vulnerables a las dolencias mentales.

La depresión como factor de riesgo de discapacidad

Más allá de este impacto inmediato y profundo en la calidad de vida, la depresión en la población de mayores es un factor de riesgo de la discapacidad funcional y puede anunciar una mortalidad prematura, ya que las personas con depresión son más proclives, entre dos y tres veces, a padecer dos o más enfermedades crónicas, y tienen, entre dos y seis veces más posibilidades tener, por lo menos, una limitación en sus actividades diarias, si se compara con grupos más jóvenes. La depresión con morbilidad asociada en personas mayores aumenta también la frecuencia y el coste de la asistencia profesional y el riesgo de ingreso prematuro en residencias de ancianos.

Factores que relacionados con los trastornos mentales

Existen diversos factores que influyen en la aparición de los trastornos mentales en el caso de las personas mayores:

•   La salud física deficitaria y las limitaciones funcionales. La salud física es una preocupación básica de muchas personas mayores y está frecuentemente relacionada con estados de salud mental que también son deficitarios. Está demostrado que hay una comorbilidad importante de los trastornos de salud mental y de las enfermedades crónicas, que incluyen las lesiones recurrentes (por ejemplo las caídas), los accidentes cardiovasculares y el dolor crónico. “Los trastornos mentales tienen mucho impacto en la discapacidad, la evolución de la enfermedad, el cumplimiento terapéutico y el riesgo de mortalidad prematura”, explica el Dr. López Trigo.

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Los factores sociales y económicos aumentan los problemas mentales en mayores.

•  También hay que destacar que existen discapacidades, como los problemas de audición y sordera, que conducen también a la depresión, ya que la salud mental deficitaria y la soledad aumentan debido al impacto de estos problemas de salud de las personas mayores que dificulta el poder relacionarse y participar en la vida activa.

•  Los factores sociales y económicos aumentan la vulnerabilidad de las personas mayores en lo referente a los trastornos mentales.

•  Cuidadores como grupos de riesgo. La atención no profesional o familiar es la piedra angular de apoyo de las personas mayores que dependen del cuidado de los demás. Dispensar la atención necesaria en el hogar familiar acarrea tensión física, psicológica, social y económica, y los miembros de la familia (normalmente las mujeres) tienen a menudo que sacrificar muchas cosas para cuidar a sus familiares. El problema se agrava cuando los cuidadores no tienen la preparación suficiente, y la ayuda económica y humana es escasa. Como consecuencia de este hecho, los cuidadores tienen riesgo de padecer una enfermedad física o psicológica, lo cual indica que es necesario proporcionar ayuda a los cuidadores para evitar que caigan enfermos. El hecho es que es frecuente que los cuidadores presenten unos niveles clínicos elevados de ansiedad y fatiga, e incluso lleguen a sufrir una depresión.

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Participar en actividades positivas aumenta el bienestar y mejora la salud mental de los mayores.

Mejorar la salud mental de nuestros mayores

Desde la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología se recomienda llevar a cabo unos cambios en el estilo de vida que contribuyan en el bienestar físico y mental de los mayores. Algunos de estos buenos hábitos son:

•  Aumentar la participación en actividades positivas. Está demostrado  que participar en actividades positivas aumenta el bienestar y mejora la salud mental de los mayores. Los programas integrales de aprendizaje o el voluntariado, por ejemplo, promueven la realización social y personal de las personas mayores.

•  Practicar ejercicio físico ayuda a mejorar la salud mental y a aumentar la participación social. El ejercicio, que normalmente se recomienda a la población de personas mayores, es una ayuda para mejorar la salud física, el bienestar, el estado psicológico y reducir los síntomas depresivos.

•   Mejorar la salud física y tratar las enfermedades crónicas pueden prevenir los trastornos mentales. Para ello es fundamental mejorar los hábitos de alimentación y el aumento del ejercicio físico.

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Geriatría
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Llega una Ola de Calor y los Mayores, Pacientes Crónicos y Niños tienen mayor riesgo

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En los días de mucho calor hay que ingerir mayor cantidad de líquidos, aunque no se tenga sed, para mantenerse hidratados. Especialmente agua y zumos de frutas. Foto: E. Moreno Esquibel @morenoesquibel

  

  • El Golpe de Calor se produce si la temperatura corporal normal de 37 grados llega a sobrepasar los 40 grados y el cuerpo es incapaz de eliminar el exceso de calor.

  • Los principales  síntomas son: calambres musculares en brazos, piernas o vientre, sudoración excesiva, debilidad, fatiga, nauseas, mareos, desmayo, sequedad, piel roja, pulso rápido, dolor intenso de cabeza, confusión y hasta pérdida de conciencia.

  • Si aparece la deshidratación y no se trata de forma adecuada se puede llegar a una situación de shock en la que sucede un fallo multiorgánico (riñón, corazón, cerebro..).

  • El riesgo de sufrir un golpe de calor se ve incrementado si la persona sufre sobrepeso o si está medicado.

  • Si una persona ha sufrido un golpe de calor, llamar rápidamente a los servicios de Urgencia y mientras atenderlo como si tuviera fiebre, es decir intentando bajar su temperatura corporal con paños de agua fría en la frente y en los pulsos.

Con la llegada del verano y las altas temperaturas que se van a registrar este fin de semana en España, el Ministerio de Sanidad y la  Sociedad Española de Geriatría y Gerontología nos alertan para extremar las medidas de prevención y nos recuerdan que los mayores, los enfermos crónicos (con enfermedad cardiovascular, cerebrovascular, respiratoria, renal, neurológica, diabetes…) y los  niños, son los colectivos que corren más riesgo de sufrir un Golpe de Calor, al responder peor a las temperaturas extremas y porque la sensación de sed en ellos es menor y suelen olvidarse de beber, (como en el caso de personas mayores y niños), por lo que no demandan el agua que necesitan y la rapidez de la deshidratación es mayor. Además, este riesgo se ve incrementado si las personas sufren sobrepeso y/o estan medicadas. 

Nuestro organismo está preparado para mantener una temperatura casi constante; alrededor de los 36-37 grados centígrados, “cuando la temperatura externa es elevada, y aún más si la humedad del ambiente es alta o si se está realizando algún ejercicio o actividad física, se pueden sufrir agresiones térmicas que podrían derivar en situaciones de alto riesgo para la vida”, explica el Dr. López Trigo, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. 

El peligroso golpe de calor

“El golpe de calor no tiene nada que ver ni con los sofocos ni con el bochorno propio del verano. Es un riesgo sanitario a tener muy en cuenta que puede tener consecuencias muy serias.”, destaca el Dr. López Trigo.

El Golpe de Calor se produce si la temperatura corporal normal de 37 grados llega a sobrepasar los 40 grados y el cuerpo es incapaz de eliminar el exceso de calor. Cuando la temperatura de nuestro cuerpo rebasa los 41 grados se produce una hipertermia, superando los mecanismos de regulación térmica de los que dispone nuestro organismo y originando el temido golpe de calor, situación en la que el organismo ya no puede responder a las altas temperaturas con repercusiones tan graves que podría llevar a un fracaso orgánico irreversible.

ES IMPORTANTE SABER DETECTAR LOS SÍNTOMAS DE LA HIPERTERMIA:

Reconocer los problemas de salud que produce el calor es importante para tomar medidas: calambres musculares en brazos, piernas o vientre, sudoración excesiva, debilidad, fatiga, nauseas, mareos, desmayo, sequedad, piel roja, pulso rápido, dolor intenso de cabeza, confusión y hasta pérdida de conciencia.

El principal mecanismo ante un incremento de la temperatura corporal es una dilatación de los pequeños vasos periféricos para favorecer el paso de la sangre por la piel. Esto, unido a un aumento de la sudoración, hace que se pierda calor por evaporación, lo que puede llevar a una perdida importantísima de líquidos que repercute a nivel de los distintos órganos (riñón, corazón, cerebro…).

Además, si la temperatura exterior es muy alta y las pérdidas de líquidos no se reemplazan de forma adecuada, entramos en una situación de deshidratación, la tensión arterial desciende, aparece sensación de debilidad e incluso calambres musculares; si esta situación no se corrige a tiempo y progresa, se pierde la capacidad de sudoración y la piel presenta un aspecto seco y enrojecido, la temperatura corporal asciende progresivamente hasta cifras que superan los 40 grados, entrando en hipertermia y, si este proceso continúa, se llega a una situación de shock en la que sucede un fallo de los distintos órganos, convulsiones y coma.

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Los principales síntomas de un golpe de calor son: calambres musculares, debilidad, fatiga, dolor de cabeza, mareo, nauseas, confusión y hasta pérdida de conciencia.

  ¿COMO PREVENIR LA HIPERTERMIA? 

  •  Tomar muchos líquidos. La falta de sed es engañosa, por lo que se debe consumir agua, infusiones, zumos de frutas aunque no se tenga la sensación de sed; y evitar el consumo de bebidas alcohólicas, café, te o cola y las muy azucaradas.
  • Realizar comidas ligeras, que ayuden a reponer las sales perdidas por el sudor, como ensaladas, frutas, verduras, gazpachos o zumos. Evitar las que provocan digestiones pesadas.
  • Evitar la exposición al sol cuando las temperaturas son elevadas, sobre todo las horas de mayor intensidad (12-16 horas) y con una humedad relativa alta (mayor del 60 por ciento). Permanecer en lugares frescos y a la sombra. Tomar una ducha o un balo fresco.
  • No realizar ejercicio ni deportes que aumenten el esfuerzo y la sudoración  en momentos de calor.
  • Mantener la casa fresca y ventilada, bajar las persianas para evitar que el sol entre directamente. 
  • No permanecer en vehículos estacionados o cerrados.
  •   Evitar llevar ropa ajustada y elegir tejidos ligeros, como el algodón y de colores claros, preferentemente. Es recomendable, además, el uso de sombreros o gorras que protejan nuestra cabeza del sol.
  • Si tiene que permanecer en el exterior procure estar a la sombra, usar ropa ligera y de color claro y protegerse del sol. Utilizar calzados fresco, cómodo y que transpire.

QUE HACER ANTE UN GOLPE DE CALOR

En caso de producirse un golpe de calor, y mientras esperamos a los servicios de urgencias, “tenemos que actuar como cuando una persona tiene 40 de fiebre, es decir, intentaremos bajar la temperatura, y para ello podemos utilizar paños de agua fresca y aplicarlos en la frente, en la nuca o en los pulsos” explica el Dr. López Trigo. También es recomendable actuar como en un caso de bajada de tensión, que la persona esté tumbada, con las piernas levantadas, y hacerle beber líquidos poco a poco, por ejemplo agua con un poco de sal y azúcar, o alguna bebida isotónica. Sin ayuda médica urgente, un golpe de calor puede ser fatal.

Porque más vale prevenir, este fin de semana y cada vez que nos anuncien la llegada de una ola de calor, tomemos medidas y sigamos la recomendaciones, especialmente los colectivos de mayor riesgo: mayores, pacientes crónicos y niños, pero las medidas son para  toda la población en general, porque nadie estamos libres de sufrir un golpe de calor que puede tener consecuencias muy graves. Así que este fin de semana, prudencia y a realizar planes con menor actividad física, y más en lugares agradables frescos, con aire acondicionado o ventilados y a disfrutar hidratados y descansando.

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Geriatría neurología Nutrición pediatría Sin categoría

La insuficiencia cardiaca, la causa más común de hospitalización en mayores de 65 años

•Afecta al 10% de los mayores de 75 años y condiciona una mortalidad del 50% a los cinco años de su diagnóstico

•La insuficiencia cardiaca se incrementa con la edad, pasando del 1% en sujetos de 40 años al 10% en mayores de 75 años

•El incremento de su incidencia, el alto grado de mortalidad y las tasas de ingresos y reingresos hospitalarios condicionan un elevado consumo de recursos sanitarios

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La insuficiencia cardíaca en  mayores de 65 años condiciona la mortalidad del paciente más que el cáncer

El aumento de la esperanza de vida de la población está provocando que la insuficiencia cardíaca se convierta en la nueva epidemia del siglo XXI, lo cual constituye un problema médico con gran impacto desde el punto de vista socio-sanitario,  pero también económico, en los países desarrollados.

Según los  datos presentados durante la celebración del Congreso de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, SEGG, que se acaba de celebrar en San Sebastián, la prevalencia de la insuficiencia cardiaca se incrementa con la edad, pasando del 1% en sujetos de 40 años al 10% en mayores de 75 años.

El doctor José Gutiérrez Rodríguez, geriatra del Hospital Monte Naranco de Oviedo, advierte además de que la insuficiencia cardiaca es la causa más frecuente de hospitalización en mayores de 65 años y condiciona una mortalidad del 50% a los 5 años de su diagnóstico, superando con creces a enfermedades como el cáncer”.

Desconocimiento de la población

El incremento de su incidencia, el alto grado de mortalidad y las tasas de ingresos y reingresos hospitalarios, condicionan un elevado consumo de recursos sanitarios y una disminución en la calidad de vida de los pacientes.

A pesar de la alta prevalencia, el conocimiento de esta patología y la detección de sus síntomas por parte de la población es muy escasa. La insuficiencia cardiaca es una enfermedad debilitante en la que el corazón no puede bombear suficiente sangre al organismo. La diabetes, la hipertensión y otras enfermedades del corazón hacen que este órgano falle y deje de bombear sangre con la fuerza y la intensidad que necesita el cuerpo, lo cual lleva a los pacientes a sentirse cansados o con dificultad para respirar, incluso sin hacer ningún esfuerzo.

Pero además de saber detectar estos primeros síntomas, es fundamental realizar un cambio en el estilo de vida de los pacientes: hacer ejercicio, seguir una dieta saludable y libre de grasas, controlar la hipertensión, el colesterol y la diabetes, son aspectos fundamentales para evitar esta patología e impedir ingresos hospitalarios una vez diagnosticado el problema.

FUNDACION MATIA

El papel del geriatra, indispensable

Durante el simposio de patología cardiovascular, además de la insuficiencia cardiaca, se han tratado también otras enfermedades como la fibrilación auricular no valvular, que es otro problema muy prevalente en las personas mayores y está directamente relacionado con el incremento del riesgo de sufrir un ictus cardioembólico; y la estenosis aórtica que cuando progresa y se hace severa y sintomática, disminuye la expectativa y calidad de vida del paciente. De hecho, en los últimos años se ha objetivado que el recambio de esta válvula mediante las prótesis aórticas transcatéter puede mejorar el pronóstico vital de pacientes mayores de 80 y 90 años.

Ahora bien, todas estas intervenciones sanitarias son más eficientes cuando el manejo del paciente se realiza de forma interdisciplinar entre los distintos especialistas implicados. Así, la atención geriátrica basada en la selección de pacientes subsidiarios de la implementación de las intervenciones, en la evaluación pronóstica para predecir efectos adversos y complicaciones médicas y en el manejo clínico de los pacientes complejos durante su periodo de hospitalización y convalecencia, ha demostrado beneficios para el paciente, en términos de función y calidad de vida, y para el sistema, en términos de ahorro de costes sanitarios y sociales.

Sin embargo, el doctor José Gutiérrez Rodríguez, ha denunciado la existencia de grandes diferencias territoriales en nuestro país en cuanto al desarrollo de Servicios de Geriatría en los hospitales. “Mientras que existen comunidades autónomas cuyos Servicios de Salud incluyen en sus carteras de servicios la Atención Geriátrica y disponen de Servicio de Geriatría acreditados para la docencia MIR, otras comunidades no cuentan con Especialistas en Geriatría en ninguno de sus hospitales. Sin ninguna duda esta situación condiciona una de falta de equidad en el acceso de las personas mayores a este tipo de especialistas”.

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Enfermedades Geriatría

La soledad en los mayores incrementa el riesgo de depresión, deterioro cognitivo y muerte

  • Expertos participantes en el 57 Congreso de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología y XIV Congreso de la Asociación Vasca de Geriatría y Gerontología Zahartzaroa celebrado  en San Sebastián apuestan por buscar fórmulas para gestionar mejor la soledad
  • En nuestro país hay 1.853.700 personas mayores que viven solas, de las cuales el 72,2 % son mujeres
  • Además de la depresión, la soledad se relaciona con enfermedades cardiovasculares, hipertensión y demencia. Incluso existe un vínculo muy fuerte con una mortalidad temprana
La soledad no es inocua

La amargura y la tristeza “roban” las ganas de vivir a muchas personas mayores que se sienten solas

La soledad en la tercera edad es uno de los grandes enemigos del bienestar de nuestros mayores, un tema preocupante sin duda, ya que su calidad de vida no solo implica un buen estado físico, sino también emocional. Y es que la soledad no es inocua, es un factor de riesgo para la depresión, el deterioro cognitivo, la morbilidad y la mortalidad. Los estudios disponibles sobre  la soledad o fenómenos similares como el aislamiento social, muestran además diferentes variables o factores que se asocian con su presencia, tales como vivir solo, tener mala salud, problemas económicos, falta de oportunidades o encontrarse en fase de duelo.

En el Estado español hay 1.853.700 personas mayores que viven de forma independiente. Según la Encuesta Continua de Hogares de 2014, del Instituto Nacional de Estadística, últimamente se ha producido un aumento en el número de hogares unipersonales. Los expertos en geriatría y gerontología, que estos días se han reunido en el Congreso de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología en San Sebastián, alertan de la gravedad de esta situación y de los serios problemas que puede provocar en la salud de las personas de la tercera edad.

La amargura y la tristeza roban las ganas de vivir a muchas personas mayores que se sienten solas. En este sentido, conviene tener en cuenta que la sociedad y el modelo de familia han dado un giro importante en las últimas décadas. Con la modernidad hemos conseguido retos muy positivos, pero en la actualidad también tenemos una profunda crisis de valores, que se ceba en las personas más vulnerables como son los mayores cuyas  principales necesidades emocionales son la necesidad de estima y reconocimiento. Necesitan sentir que forman parte de la sociedad y de su entorno cercano.

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De los casi dos millones de mayores que viven solos, 368.400 personas tienen más de 85 años, es decir el 42,2%. Además, del total que viven en soledad, el 72,2% son mujeres. Muchos de ellos:

– Apenas reciben una visita mensual de alguien conocido de su entorno social e incluso, se dan casos, en el que no existen tales visitas.

– Sufren problemas de salud asociados a la soledad. Además de la depresión, la soledad se relaciona con enfermedades cardiovasculares, hipertensión y demencia. Incluso existe un vínculo muy fuerte con una mortalidad temprana.

– Tienen problemas ligados a la movilidad y al riesgo de caídas. Los mayores que están solos soportan un mayor peligro de sufrir caídas y, por tanto, fracturas.

Suelen tener más problemas económicos, lo cual repercute en su alimentación, pero también en su higiene.

Pero además, según explica Andrés Losada Baltar, profesor titular del Área de Psicología Clínica de la Universidad Rey Juan Carlos y coordinador del grupo de investigación Cuid-Emos, “la soledad puede verse incrementada a lo largo del ciclo vital por factores asociados a los estilos cognitivos o a la personalidad de las personas o a la ocurrencia de sucesos vitales significativos como, por ejemplo, la jubilación, enfermedades o asumir la tarea de cuidar de un familiar dependiente. Estas circunstancias pueden favorecer la ocurrencia de cambios significativos en las vidas de las personas que, finalmente, pueden provocar la emergencia de sentimientos de soledad”.

En definitiva, nos enfrentamos a una cuestión que, según las expectativas demográficas, va a más y es por tanto fundamental saber cómo enfrentarse a este problema  social que influye en la salud y en la calidad y esperanza de vida de nuestros mayores.

En esta misma línea, Mayte Sancho, directora científica de la Fundacion Matía Instituto Gerontológico, defiende la necesidad de buscar fórmulas para gestionar mejor la soledad y prevenir sus consecuencias negativas, ya que progresivamente se impone como un modo de vida  casi mayoritario en las sociedades modernas. Destaca como imprescindible el papel de la acción voluntaria en el acompañamiento de situaciones de soledad no deseadas.

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