Las personas obesas tienen el doble de posibilidades de sufrir enfermedad renal crónica

•El ejercicio físico y una dieta baja en calorías reduce en un 30% el riesgo de incidencia de enfermedad renal crónica (ERC) en personas con diabetes y obesidad.

• Los pacientes con obesidad tienen casi el doble de posibilidades de sufrir Enfermedad Renal Crónica (ERC), una patología que se caracteriza básicamente por una pérdida progresiva de las funciones normales del riñón (eliminación de sustancias, agua, producción de hormonas necesarias para proteger nuestros huesos, evitar la anemia y el envejecimiento prematuro).

•La obesidad impacta sobre la salud renal de forma directa, así como a través de la diabetes y la hipertensión: también incrementa el riesgo de sufrir enfermedad crónica terminal y padecer cálculos renales.

•-Entre un 10% y un 27% de los cánceres renales pueden atribuirse al exceso de peso.El IMC (peso/altura) se revela como un índice insuficiente para la correlación entre obesidad y daño renal: el índice cintura/cadera muestra una mayor eficacia

Las personas con obesidad tienen casi el doble de posibilidades más de sufrir Enfermedad Renal Crónica que una persona sana, en concreto un 83% de posibilidades más.

Con motivo de la próxima celebración del Día Mundial contra la Obesidad, la Sociedad Española de Nefrología (S.E.N), que engloba a más de 2.000 nefrólogos de toda España, ha advertido que las enfermedades renales, incluyendo la Enfermedad Renal Crónica (ERC), los cálculos renales y los cánceres renales, se encuentran entre los efectos más relevantes y nocivos del exceso de peso. La cara positiva de esta realidad es la posibilidad efectiva de prevención y sus resultados ciertos: el ejercicio físico y una dieta sana reducen el riesgo de incidencia de Enfermedad Renal Crónica en personas obesas. En los pacientes diabéticos, esta reducción del riesgo de incidencia es de hasta un 30%.

Así lo muestra un estudio publicado en la Revista Nefrología de la S.E.N., el cual recoge las evidencias científicas e investigaciones más notables sobre la correlación entre la obesidad y las patologías renales. Según los datos de estudio, las personas con obesidad tienen casi el doble de posibilidades más de sufrir Enfermedad Renal Crónica que una persona sana, en concreto un 83% de posibilidades más. Se estima, de hecho, que el 13,8% de la ERC en hombres y el 24,9% de la ERC en mujeres de países industrializados pueden estar asociadas con el sobrepeso o la obesidad y que la incidencia de enfermedades renales asociadas a la obesidad se ha incrementado 10 veces en los últimos años. Asimismo, la obesidad es un factor de progresión de la Enfermedad Renal Crónica a través del aumento de proteinuria o aparición de la misma.

Una de las conclusiones más importantes de las distintas investigaciones recogidas en este estudio es que el impacto de la obesidad sobre la ERC es tanto indirecto (a través de otros factores de riesgo asociados) como directo. La obesidad genera daño renal de forma indirecta al desencadenar la aparición de diabetes e hipertensión, condiciones que se encuentran entre los factores de riesgo más importantes para el desarrollo de Enfermedad Renal Crónica. Pero lo hace también de forma directa, como muestra el gráfico, asociado a la producción de determinadas hormonas y al desarrollo de inflamación, estrés oxidativo, metabolismo lipídico anormal, activación del sistema renina–angiotensina-aldosterona, incremento de la producción de insulina y mayor resistencia a la insulina.

 

“Las estrategias para controlar la epidemia de ERC relacionada con la obesidad y contrarrestar la evolución a insuficiencia renal en pacientes obesos representa una de las tareas más importantes que enfrentan los sistemas de salud, así como los nefrólogos de hoy en día”, explica la presidenta de la S.E.N., María Dolores del Pino, que añade: “La obesidad es un problema de salud pública que, desafortunadamente, agrava otro gran problema como es la enfermedad renal crónica, que ya afecta a 7 millones de personas en nuestro país”.

Cálculos renales y neoplasias
La obesidad se asocia también con una serie de factores de riesgo que contribuyen a la alta incidencia y prevalencia de cálculos renales o nefrolitiasis (formación de un trozo de material sólido dentro del riñón a partir de sustancias que están en la orina), más conocidas como “piedras en el riñón”. Según muestra el estudio, un mayor peso corporal se asocia con menor pH urinario, aumento de oxalato urinario y mayor excreción urinaria de ácido úrico, sodio y fósforo. Asimismo, las dietas ricas en proteínas y sodio pueden contribuir a la acidificación de la orina y a la disminución del citrato urinario, lo que también contribuye al riesgo de desarrollo de cálculos renales. Finalmente, la resistencia a la insulina, característica de la obesidad, también puede predisponer al desarrollo de nefrolitiasis.

Las investigaciones también demuestran el impacto de la obesidad en las neoplasias renales, y entre ellas el cáncer renal, si bien los mecanismos que hay detrás del mayor riesgo de aparición de neoplasias renales en individuos obesos no son del todo claros. En un estudio poblacional del Reino Unido, que incluyó 5,24 millones de individuos, el incremento en el IMC de 5kg/m2 se asoció con un riesgo mayor del 25% de desarrollo de cáncer renal. Ese estudio atribuyó el 10% de todos los cánceres renales al exceso de peso. Otro estudio que analizó la carga global de obesidad en la aparición de neoplasias estimó que un 17 y un 26% de todos los cánceres renales en hombres y mujeres, respectivamente, fueron atribuibles al exceso de peso. La asociación entre obesidad y cáncer renal fue consistente tanto en hombres como en mujeres y entre poblaciones de diferentes partes del mundo, en un metaanálisis que incluyó datos de 221 estudios, de los cuales 17 evaluaron neoplasias renales. Entre las neoplasias evaluadas en este último estudio, el cáncer renal tuvo el tercer lugar de riesgo más alto asociado con obesidad.

El estudio publicado por la S.E.N. concluye que no es el mejor indicador para la correlación entre obesidad y daño renal y que el índice cintura/cadera muestra una mayor eficacia.

El IMC, un indicador insuficiente 
Según la Organización Mundial de la Salud, se asume que una persona tiene un peso normal cuando su Índice de Masa Corporal (IMC) se sitúa entre 18 y 25 kg/m2, mientras que un IMC superior a 30 kg/m2 implica obesidad. El estudio publicado por la S.E.N. concluye que no es el mejor indicador para la correlación entre obesidad y daño renal y que el índice cintura/cadera muestra una mayor eficacia. “El IMC es fácil de calcular, pero solo nos proporciona una pobre estimación de la distribución de la grasa corporal, ya que individuos musculosos o aquellos con más tejido graso subcutáneo pueden tener un IMC tan alto como aquellos individuos con mayor masa grasa intraabdominal”, dice el estudio de la S.E.N., que agrega que es “este último tipo de IMC elevado el que está asociado con un riesgo sustancialmente mayor de desarrollar enfermedad metabólica y cardiovascular”. Los parámetros alternativos para medir de forma más precisa la grasa visceral incluyen la circunferencia de la cintura (CC) y el índice cintura/cadera (ICC): > 102cm y 0,9, respectivamente para hombres, y > 88cm y > 0,8 para mujeres.

Una epidemia creciente
La obesidad afecta a más de 600 millones de personas en todo el mundo y se estima que se incrementará un 40% en la próxima década. España es el segundo país de Europa con más personas con sobrepeso u obesidad, un trastorno que afecta al 25% de los españoles. Si miramos las cifras de obesidad infantil, los datos son igual de preocupantes: dos de cada 10 niños tiene sobrepeso, y uno de cada 10 sufre obesidad. “Y todo ello tiene una vinculación con las enfermedades renales que pasa desapercibida pero que tiene un enorme impacto en términos de salud pública”, explica la presidenta de la S.E.N, que hace hincapié en la necesidad de poner en marcha políticas de prevención, expresamente centradas en la correlación entre obesidad y ERC.

“Las intervenciones poblacionales para el control de la obesidad pueden tener efectos benéficos en la prevención tanto del desarrollo como del retraso en la progresión de la ERC y corresponde a los decisores públicos, así como a toda la comunidad sanitaria el diseño de estrategias de largo alcance para mejorar la comprensión de los vínculos entre la obesidad y las enfermedades renales y así determinar estrategias óptimas para frenar esta marea que amenaza con convertirse en tsunami contra la salud pública”, concluye la presidenta de la S.E.N.

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endocrinología nefrología Nutrición obesidad

Un veneno llamado grasas trans

• De acuerdo a la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN),no es importante solo la cantidad de grasas que consumimos, sino también la calidad.

• Leer el etiquetado nutricional de los alimentos es importantísimo para poder elegir aquellos que contengan menos grasas saturadas y parcialmente hidrogenadas o trans.

• Entre el 15-20% de la ingesta calórica diaria total debe provenir de las grasas monoinsaturadas, entre un 6-10% de las grasas poliinsaturadas, el 9-10% de las grasas saturadas y menos del 1% de las grasas trans.

• Las grasas alimentarias son mucho más que una fuente de energía, son un nutriente esencial e imprescindible para la vida.

Debemos reducir el consumo de grasas saturadas porque están directamente relacionadas con el aumento de colesterol en sangre, el desarrollo de ateroesclerosis y el aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular.

La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) recomienda que el consumo de grasa no supere el 30-35% de las calorías consumidas. “Para una dieta media de 2.000 Kcal, el contenido calórico procedente de las grasas sería de aproximadamente 600-700 Kcal, lo equivalente a una toma diaria de aproximadamente 70-78 g de grasas”, explica Emilia Cancer, del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Pero, además, no es importante solo la cantidad de grasas que consumimos, sino también la calidad porque ambos factores determinan su efecto sobre la salud. “No debemos exceder las recomendaciones sobre el porcentaje de grasa en nuestra alimentación porque nos producirá sobrepeso y obesidad. Por otro lado, no debemos consumir grasas trans, y debemos reducir el consumo de grasas saturadas porque están directamente relacionadas con el aumento de colesterol en sangre, el desarrollo de ateroesclerosis y el aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular, que es la principal causa de morbi-mortalidad en España”, apunta la experta de la SEEN.

Diferentes tipos de grasas

Las grasas que consumimos proceden principalmente de diversos alimentos de origen animal y vegetal, donde se encuentran en diferentes proporciones, pero, advierte la doctora Cancer, no todas ellas son igual de necesarias.

Grasas saturadas

Se encuentran en alimentos de origen animal, como carnes, embutidos, leche y sus derivados; y en aceites de origen vegetal, como los aceites de coco o de palma, que se consumen a través de bollería industrial, aperitivos salados y productos transformados, principalmente.

“El consumo de grasas saturadas favorece un aumento de los niveles de colesterol en sangre, en concreto del LDL colesterol, también llamado colesterol ‘malo’”, advierte la doctora Cancer, que indica que los alimentos ricos en grasas saturadas deben formar parte del vértice de la pirámide de la alimentación saludable y, por lo tanto, solo deberían consumirse de forma esporádica, ya que no debe superar el 9-10% de la ingesta calórica diaria total.

Grasas insaturadas  

Estas grasas se encuentran en alimentos de origen vegetal, como los aceites vegetales: aceite de oliva, girasol o maíz. A su vez, se clasifican en:

Grasas monoinsaturadas: El ácido graso monoinsaturado por excelencia es el ácido oleico, presente especialmente en el aceite de oliva, donde puede alcanzar hasta un 75-80% de su contenido. “También lo encontramos en el aceite de colza, las aceitunas, el aguacate, y, en menor cantidad, en algunas carnes, en el aceite de girasol y en los frutos secos como las nueces o almendras”, aclara la experta de la SEEN.

La ingesta elevada de grasas saturadas y grasas trans está vinculada al aumento de la mortalidad de la población general

Estas grasas representan el mayor porcentaje recomendable de consumo, entre el 15 y el 20% del total.

Grasas poliinsaturadas: existen tres familias: los omega 3, 6 y 9. La mayoría de estos ácidos grasos pueden ser sintetizados a partir de los hidratos de carbono de la dieta. La recomendación de ácidos grasos poliinsaturados en una dieta saludable es del 6-10% de las calorías totales.

Grasas trans: Estas grasas se forman a partir de ácidos grasos insaturados que se hidrogenan parcialmente, lo que da lugar a grasas más sólidas, más plásticas y más estables. La mayor parte de las grasas trans se producen durante la elaboración de las margarinas y grasas de repostería, como resultado de la hidrogenación parcial o total de aceites vegetales o de pescado insaturados.

“El consumo de ácidos grasos trans provoca en el organismo un efecto más negativo que la grasa saturada, ya que aumenta los niveles de LDL colesterol y triglicéridos y también reduce HDL colesterol en sangre, también llamado colesterol ‘bueno’, favoreciendo el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares”, alerta. Por ello, se debe mantener una ingesta lo más baja posible, por lo que se recomienda consumir menos del 1% de las calorías totales de la dieta.

Consumo de grasas: pros y contras para la salud

Las grasas alimentarias son mucho más que una fuente de energía. Además de dotar de palatabilidad a los alimentos haciéndolos más sabrosos, a día de hoy, afirman desde la SEEN, son un nutriente esencial e imprescindible para la vida, pero su consumo debe hacerse en los niveles adecuados para prevenir la aparición de enfermedades.

Recientes estudios muestran que la ingesta elevada de grasas saturadas y grasas trans está vinculada al aumento de la mortalidad de la población general, el consumo excesivo de grasas saturadas se asocia con un aumento del 8% en la mortalidad total, y el elevado consumo de grasas trans lleva a un aumento de la mortalidad del 13%. Por el contrario, el aumento del consumo de ácidos grasos poliinsaturados y ácidos grasos monoinsaturados se asocian con reducciones del 19% y el 11% en la mortalidad, respectivamente. Además, la sustitución del 5% de calorías de grasas saturadas por calorías de ácidos grasos poliinsaturados y ácidos grasos monoinsaturados se vincula con reducciones de la mortalidad del 27% y el 13%, respectivamente.

Algunos consejos para reducir el consumo de grasa menos saludable

Según aconsejan desde la SEEN, una forma fácil para reducir la grasa menos saludable en la dieta es comer una mayor proporción de alimentos de origen vegetal, como aceite de oliva, semillas de sésamo, girasol o lino, y frutos secos; y de pescados, que aportan grasas insaturadas. Cocinar y preparar los alimentos con poca grasa y alternar métodos de cocinado priorizando el hervido, plancha, vapor, grill, horneado o papillote de los alimentos frente al frito o asado es otro consejo. “Leer el etiquetado nutricional de los alimentos es importantísimo para poder elegir los alimentos que contengan menos grasas, menor contenido de ácidos grasos saturados y los que no contengan grasas parcialmente hidrogenadas o grasas trans”, finaliza la experta de la SEEN.

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endocrinología Nutrición

La sal, esencial para la vida humana pero con moderación

“Los españoles consumimos 9,7 gramos de sal diarios, el doble de la cantidad recomendada”, alertan los expertos;  la OMS aconseja que el  consumo medio de sal sea de 5g diarios, lo equivalente a una cucharada de café; o a 2g de sodio al día.

• Se considera que un alimento contiene mucha sal si aporta más de 1,25g por cada 100g, o poca sal si aporta menos de 0,25g por cada 100g.

• Hasta el 72% de la sal que consumimos proviene de alimentos procesados, especialmente de embutidos, pan, quesos y platos preparados.

• Para conocer la cantidad de sal presente en los alimentos envasados se aconseja leer siempre el etiquetado nutricional.

En España, los datos publicados por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) sobre el consumo de sal de la población española, indican que se ingieren 9,7g de sal al día, cifra muy superior a la recomendada.

El Cloruro de Sodio es esencial para la vida humana. Mantiene el balance de líquidos en el organismo; y hace que circulen la sangre y los fluidos extracelulares. Además es básica para sostener funciones primarias como respirar o digerir.  Cada uno de nosotros porta aproximadamente un cuarto de kilo de Sal en el organismo. Su ausencia produce apatía, debilidad, desvanecimiento, anorexia, baja presión arterial, colapso circulatorio, shock e incluso la muerte.

Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras instituciones sanitarias internacionales recomiendan para la población adulta en general con una vida sana y sin esfuerzos prolongados el consumo medio de 5g de sal al día, “lo que equivale a una cucharadita de café o a 2g de sodio al día, y que se garantice que sea sal yodada”, apuntan los doctores Emilia Cancer y Francisco Botella, miembros del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

En España, los datos publicados por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) sobre el consumo de sal de la población española, indican que se ingieren 9,7g de sal al día, cifra muy superior a la recomendada. “En concreto, el 87,5% de la población ingiere más de 5g de sal al día, el 20% de la sal ingerida se añade en el cocinado-mesa, el 72% de la sal ingerida proviene de alimentos procesados (sal oculta), especialmente embutidos, pan y panes especiales, quesos y platos preparados. Además, hay documentos que señalan que los españoles no saben qué sal compran (si sal marina, yodada, etc.), por tanto no se utiliza de forma universal la sal yodada”, alertan desde la SEEN.

Como explican los expertos, podemos dividir la sal que consumimos en ‘visible’ e ‘invisible’. En contraste con la creencia popular de que la sal añadida durante el cocinado y condimentado de los platos (la sal ‘visible’) constituye el mayor porcentaje del consumo de sal, esta representa solo el 20%. La sal ‘invisible’, la que proviene de los alimentos, corresponde al 80% del consumo total de sal. Dentro de esta sal se encuentra la presente de forma natural en los alimentos, un 8-10% del consumo de sal total, y la sal añadida en los alimentos procesados (platos preparados, snacks, pan, quesos, cereales…), entre un 70-72% del consumo de sal en la dieta. Esta sal añadida en los procesados, al igual que la ‘visible’, es la que se puede reducir, opinan los especialistas de la SEEN.

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Existen estudios que prueban la relación entre el consumo de sal en exceso y las enfermedades cardiovasculares, y existe también una asociación epidemiológica con otras enfermedades como la osteoporosis o determinados tipos de cáncer.

Cantidades de sal de los alimentos

De acuerdo a la Sociedad, en general se considera que el alimento contiene mucha sal si aporta más de 1,25g por cada 100g, o poca sal si aporta menos de 0,25g por cada 100g.

Para conocer la cantidad de sal presente en los alimentos envasados y poder elegir así la opción más saludable debemos leer siempre el etiquetado nutricional, aconsejan desde la SEEN. Si en el etiquetado aparece referido el contenido en sodio del alimento, podemos calcular su contenido en sal multiplicando los gramos de sodio por 2,5. “Así pues, un alimento que contiene 0,19g de sodio por 100g, tiene de contenido de sal por 100g: 0,19×2,5 =0,475g. En este caso el producto tendría un contenido medio de sal”, explican desde la SEEN.

El consumo excesivo de sal y los problemas de salud derivados

La sal es indispensable para la vida, ya que es la mayor fuente de sodio de nuestra dieta, representando más del 90%, pero también parece tener un efecto perjudicial para la salud si se consume en exceso. “Existen estudios que prueban la relación entre el consumo de sal en exceso y las enfermedades cardiovasculares, y existe también una asociación epidemiológica con otras enfermedades como la osteoporosis o determinados tipos de cáncer”, advierten los doctores Cancer y Botella.

Estrategias para reducir el consumo de sal

Desde hace unos años, España se ha adherido al Plan Nacional de Reducción de la Sal de la Unión Europea. Este plan incluye estudios para conocer el consumo de sal en la población española y las principales fuentes de sal, la aplicación de acciones de sensibilización pública y la promoción de la educación alimentaria en la escuela. Estas iniciativas, a través de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), se enmarcan en un plan estratégico más amplio como es la estrategia NAOS (Estrategia para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad) con un programa de reducción del consumo de sal. Las actuaciones, explican desde la SEEN, se han enfocado en actuaciones sobre el pan, los productos cárnicos elaborados, quesos y alimentos precocinados, con acuerdos directos con la industria alimentaria, y así como controles del contenido de sal y estudios poblacionales de excreción de sal.

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Una forma fácil para reducir la sal en la dieta es no añadírsela a los alimentos, a los guisos, o a las ensaladas y en su lugar reemplazar el sabor con hierbas, especias, limón, vinagre, pimienta, ajo, etc

Algunos consejos para reducir el consumo de sal en el día a día

Según aconsejan desde la SEEN, una forma fácil para reducir la sal en la dieta es no añadírsela a los alimentos, a los guisos, o a las ensaladas y en su lugar reemplazar el sabor con hierbas, especias, limón, vinagre, pimienta, ajo, etc. No echar sal mientras cocinamos, sino al probar la comida es otra recomendación.

“Existe una amplia gama de alimentos con contenido reducido de sal que pueden sustituir a las variedades que habitualmente se consumen con más sal. Si los vamos incorporando de manera gradual a nuestra dieta, favoreceremos el cambio a sabores menos salados sin que se aprecie gran diferencia. El contenido de sal puede oscilar dependiendo de las variedades y las marcas, por esto es necesario comprender el etiquetado nutricional y elegir las opciones más saludables. También hay que resaltar que la cantidad de sal consumida va en relación a la cantidad de alimento ingerido. No es necesario dejar de comer alimentos con alto contenido en sal, simplemente reducir su frecuencia de consumo e intentar elegir la opción o marca que contenga menos. De esta forma se fomenta el consumo de alimentos con menos sal, presionando a la industria alimentaria a fabricar estos productos con menos sal añadida”, sentencian los especialistas desde la SEEN.

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endocrinología Nutrición

Identifican una molécula asociada a mayores índices de obesidad y diabetes

• Especialistas de la Clínica Universidad de Navarra identifican una nueva molécula, Interleuquina-32, relacionada con niveles más elevados de inflamación y con enfermedades asociadas a la obesidad (diabetes, hipertensión, enfermedades cardiopulmonares, cáncer…).

• Según este estudio, publicado en la revista científica Diabetes, la cirugía bariátrica consigue disminuir los niveles de esta molécula en personas que sufren obesidad.

pamplona

 (De izquierda a derecha), segunda fila: loa doctores Rafael Moncada,  Manuel Landecho,  Javier Gómez Ambrosi,  Beatriz Ramírez Silvia Ezquerro,, y Dr. Víctor Valentí. Primera fila:  Sara Becerril y Victoria Catalán, la Dra. Frühbeck,  Amaia Rodríguez,  y Leire Méndez

Según un estudio elaborado por los especialistas de la Clínica Universidad de Navarra, publicado recientemente en la revista científica especializada “Diabetes”, las personas con obesidad muestran mayores niveles de Interleuquina-32, una molécula relacionada con una mayor inflamación y con el desarrollo de comorbilidades (diabetes, hipertensión, apnea del sueño, enfermedades cardiovasculares, diferentes tipos de cáncer…). La revista “Diabetes” es una de las publicaciones científicas con mayor impacto de su categoría.

“Nos planteamos por qué los pacientes con graves problemas de peso que se operan mediante cirugía bariátrica mejoran notablemente su estado de salud, al mismo tiempo que reducen las enfermedades asociadas a la obesidad. Por eso, decidimos iniciar una investigación a nivel molecular”, explica la investigadora Victoria Catalán, especialista del Departamento de Endocrinología y Nutrición de la Clínica, y miembro del CIBEROBN (Centro de Investigación Biomédica en Red del Instituto de Salud Carlos III). En el estudio, realizado en una muestra de 90 individuos, los pacientes estaban clasificados en delgados y obesos (dentro de esta última categoría, divididos en diabéticos y aquellos con índices glucémicos normales).

En este contexto los especialistas investigaron qué moléculas pueden estar implicadas en favorecer el proceso inflamatorio que tienen los pacientes obesos. Así, los resultados concluyen en la identificación de una molécula nueva, la Interleuquina-32, presente en niveles muy altos (tanto en sangre como en el tejido adiposo visceral) en las personas obesas.

Los especialistas plantean este descubrimiento como una posible diana terapéutica que en el futuro pasa por inhibir esta molécula, es decir, al reducir los niveles de Interleuquina-32 en los pacientes obesos, disminuirá la inflamación, de la misma manera que lo harán las comorbilidades asociadas al sobrepeso.

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Los expertos han comprobado los beneficios de la cirugía bariátrica para la salud del paciente obeso.

“Gracias a este estudio, que comenzó en el año 2015, hemos corroborado los beneficios de la cirugía bariátrica para la salud del paciente obeso”, explica. De hecho, el 80% de los pacientes operados mejoran e incluso, en algunos casos, resuelven los problemas asociados a la diabetes tipo 2 y a la hipertensión arterial, según recientes estudios científicos. Además, disminuyen los problemas relacionados con el síndrome de apnea obstructiva del sueño o con las patologías articulares como la artrosis. “Sabemos que hay diversos factores que intervienen en el porqué, y nosotros hemos identificamos uno de ellos, que es la inflamación a nivel molecular, donde parece participar la Interleuquina-32”.

Por su parte, el Dr. Víctor Valentí, especialista en Cirugía General y Digestiva y codirector del Área de Obesidad de la Clínica Universidad de Navarra, añade que este tipo de cirugías no se realizan por “un motivo estético, sino que la indicación es doble: mejorar la calidad de vida de las personas obesas y su estado de salud global, reduciendo el riesgo de sufrir complicaciones cardiovasculares o metabólicas, entre otras”.

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endocrinología

¿Que hacer con los kilos de más?

• La población española ha  engordado, de media, entre 2 y 4 kilos estas Navidades.

• La obesidad se asocia directamente con falta de ovulación o baja calidad en los óvulos y en muchos casos, la disminución de peso es el único tratamiento que se requiere para lograr el embarazo.

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Combinar una alimentación sana y equilibrada con algo de ejercicio físico es, sin duda, la mejor dieta que podemos seguir.

Estrenamos nuevo año y con él, poco a poco se instaura de nuevo la rutina tras unos días en los que, quien más y quien menos, todos hemos alterado nuestro ritmo diario y cometido excesos en nuestra alimentación.

Vuelta al cole de los niños, vuelta a la oficina…y vuelta al cara a cara con la temida y sincera báscula, aún con el recuerdo de aquella cena con los amigos del colegio, la tradicional cena de empresa y las celebraciones familiares de estas fechas, que han hecho que nuestro primer propósito del año sea perder esos kilos de más, que estamos seguros de haber engordado, y que nos empieza a preocupar no poder disimular.

Como punto de partida, y según la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), cada español ha engordado, de media, entre 2 y 4 kilos durante estas pasadas fiestas. “Habituarnos a seguir ciertos hábitos saludables es la mejor recomendación posible para quitarnos esos kilos de más que hemos cogido estas Navidades. Combinar una alimentación sana y equilibrada con algo de ejercicio físico es, sin duda, la mejor dieta que podemos seguir”, comenta la doctora Amparo Ruiz, directora de IVI Valencia.

“En el caso de las embarazadas, el aumento de peso se puede considerar como algo normal, sobre todo en estas fechas. No debemos darle mayor importancia. Por un lado, tal vez simplemente aumenten de peso por el desarrollo normal del embarazo, viéndose, además, incrementado por algún exceso en la alimentación. En caso de que este aumento de peso fuera algo excesivo o incómodo para la mujer, la mejor recomendación es que visiten a su matrona, quien seguro que podrá darles algunas pautas de alimentación para que su peso se ajuste al adecuado según el momento en que se encuentren del embarazo” añade la doctora Ruiz.

alimentacion

Realizar 5 comidas al día: es importante distribuir las calorías a lo largo del día, siendo la más importantes el desayuno,

La importancia de seguir hábitos saludables:

Desde las instituciones sanitarias se insiste, cada vez más, en la importancia de adoptar una correcta alimentación como método para prevenir enfermedades y problemas de salud, así como para mantener un peso adecuado.

Adquirir ciertos hábitos puede resultar beneficioso para nuestra salud, tanto a corto plazo, por la mejoría física que representa, como a largo plazo, como herramienta de prevención de enfermedades.

Generalmente, la mayoría de expertos coinciden en unas pautas básicas recomendadas para ello:

* Realizar 5 comidas al día: es importante distribuir las calorías a lo largo del día, siendo las comidas más importantes el desayuno, la comida y la cena, pero sin olvidar comer algo a mitad mañana y a media tarde.

* Empezar el día con un buen desayuno: la combinación de algún producto lácteo, cereales y fruta nos aportará una buena dosis energética para encarar el día.

* Tomar 5 piezas de fruta o verduras al día: estos alimentos aportan agua, fibra y vitaminas a nuestro organismo. Además, la fibra tiene efecto saciante.

* Practicar deporte varias veces a la semana: no es necesario realizar grandes esfuerzos, simplemente con 30 minutos diarios o una hora varias veces a la semana puede ser suficiente.

* Beber agua: es importante mantener nuestro cuerpo bien hidratado, siendo recomendable beber entre dos y tres litros de agua al día.

* Limitar el consumo de refrescos, dulces y alimentos fritos: Su aporte de azúcares y grasas para nuestro organismo es desmesurado, y además se trata de alimentos poco nutritivos.

* En caso de tener dificultades para perder peso, es recomendable consultar a un profesional: antes de intentar seguir cualquier tipo de dieta estricta por tu cuenta, consulta con tu médico o acude a un nutricionista, nadie mejor que ellos para aconsejarte y darte la mejor solución.

* En caso de “ataques de hambre” optar por lácteos desnatados, frutas o barritas de cereales.

* Huir de las “dietas milagro”. No podemos pretender perderlos igual de rápido que los hemos cogido. Paciencia y constancia.

* Moderar el consumo de alcohol. Tiene un alto aporte calórico.

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La obesidad puede generar dificultades a la hora de concebir.

Sobrepeso e infertilidad:

El sobrepeso u obesidad pueden generar dificultades a la hora de concebir y están considerados una posible causa de infertilidad. Por este motivo, antes de buscar un embarazo o de dar inicio a un tratamiento de reproducción asistida, los ginecólogos recomiendan un plan de reducción de peso y modificar los malos hábitos nutricionales que se puedan tener al menos entre tres y seis meses antes de buscar el bebé de manera natural o por tratamiento de infertilidad.

“En las mujeres, la obesidad se asocia directamente con falta de ovulación o baja calidad en los óvulos y en muchos casos, la disminución de peso es el único tratamiento que se requiere para lograr el embarazo. Es importante que las mujeres conozcan que el riesgo de complicaciones obstétricas es tres veces superior en las mujeres con obesidad, aumentando las tasas de aborto y con mayor riesgo de muerte fetal y de parto prematuro que las mujeres con peso normal”, explica la doctora Amparo Ruiz.

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endocrinología Mujer Nutrición obesidad

“Si seguimos engordando en seis años se duplicarán las personas con diabetes tipo II”

MEDICO CARDIOVASCULAR

El presidente de la SEDYNE, el doctor Santamaría en su consulta del Hospital Universitario de Cruces

• El doctor Javier Santamaría  presidente de la Sociedad de Endocrinología y Nutrición de Euskadi (SEDYNE) muestra su preocupación por el imparable aumento de esta enfermedad considerada como la epidemia silenciosa del siglo XXI

• “El 12% de la población española es diabética y se debe, sobre todo, a la obesidad”

•“La nueva batería de fármacos que están ya en al mercado, inyectables y orales, nos permiten rebajar la glucosa y bajar el peso del paciente”

“La diabetes tipo II es ya la cuarta causa de muerte entre las mujeres españolas, debido principalmente a las complicaciones cardiovasculares que se cobran más vidas que el cáncer. Además lo previsible es que esta patología vaya en aumento con el paso de los años”, explica con preocupación el doctor Javier Santamaría,   Jefe de Sección del Servicio de Endocrinología del Hospital Universitario Cruces y presidente de la Sociedad de Endocrinología y Nutrición de Euskadi (SEDYNE en la entrevista mantenida con SALUDENTUVIDA y en la que hace especial hincapié en la necesidad de prevenir esta epidemia silenciosa, que actúa sin avisar y “cuando presenta los primeros síntomas ya suele ser tarde para revertir la enfermedad”. El presidente de SEDYNE ha  sido uno de los participantes en el encuentro científico celebrado la semana pasada en Bilbao con la asistencia de destacados especialistas del País Vasco, en el que debatieron los últimos avances en el abordaje de esta enfermedad. “Fue una puesta al día de los nuevos fármacos que han salido recientemente al mercado, algunos de los cuales son inyectables y muy potentes a la hora de bajar la diabetes con la ventaja de disminuir el peso”, añade el especialista del hospital vizcaíno.

¿Cuál la principal causa del imparable incremento de la diabetes tipo II?

La edad es uno de los factores, pero fundamentalmente va “in crescendo” por las elevadas tasas de obesidad  que estamos registrando en las sociedades modernas. El tipo de vida que llevamos actualmente hace que cada vez seamos más sedentarios, nos estemos olvidando de  del ejercicio físico, de caminar aunque sea media hora diaria, de tener unos hábitos saludables, además de haber abandonado la dieta mediterránea Todo esto se traduce en diabetes, en una hiperglucemia, es decir, una cantidad excesiva de glucosa en la sangre.

Uds. los especialistas hablan ya de “diabesidad”

Sí, porque asocia a la perfección diabetes-obesidad;  es un término que lo utilizamos para reflejar la unión de las dos patologías. Porque la diabetes tipo II y la obesidad van siempre de la mano. Al haber más obesos, no solo en el País Vasco, en España , sino en el resto del mundo  las previsiones es que en pocos años se dupliquen las tasas de diabéticos, incluidos en los países en vías de desarrollo que están entrando de ello en esta patología.

¿Cuántas personas padecen de diabetes tipo II en el Estado?

Recientes encuestas subrayan que el 12% de la población española sufre diabetes tipo II.  Una de cada diez personas la tiene, pero lo más grave es que la mitad no lo sabe; mucha gente vive feliz desconociendo su patología y cuando se le presenta de sopetón les puede provocar unas repercusiones de salud importantes como las enfermedades cardiovasculares.  Los estudios que barajamos los expertos nos señalan que en seis años se pueden haber duplicado el número de diabéticos. Si seguimos engordando en este periodo  pasaremos a tener el 20% de la población con diabetes  tipo II.

¿Les llegan a la consulta muchos pacientes sin diagnosticar?

Sí; la diabetes es una hiperglucemia  y si es moderada no da síntomas; las que presentan signos de que algo va mal son las exageradas.  Sin embargo, una diabetes II moderada pero mantenida a lo largo de los años al final se convierte en una hiperglucemia grave. Es aquí cuando surgen las complicaciones básicamente problemas en las arterias y dolencias cardiovasculares –ictus, trombosis, infartos…-  con el consiguiente aumento de la mortalidad.  Una diabetes moderada no da síntomas pero eso no significa que al paciente no le esté perjudicando el organismo. Muchas veces cuando la persona se entera de que es diabético ya ha hecho complicaciones –arterioesclerosis, por ejemplo- y lo que ya está instaurado es más difícil revertir.

¿Se trata de detectar a estas personas antes de que pasen a ser diabéticos?

En primer lugar tratar, por ejemplo, a  una persona obesa para que no derive en diabética. Y luego detectar precozmente a los pacientes que la padecen pero no lo saben; hay que abordar antes de que pase a ser hiperglucémico para que con el paso de los años no sufra una cardiopatía.

¿Cuáles son los últimos avances para el abordaje de esta dolencia?

Afortunadamente para los especialistas en los últimos años se han producido cambios muy positivos en el tratamiento farmacológico para la diabetes tipo II.  Van apareciendo numerosos medicamentos que nos ayudan al mejor control de esta patología, especialmente los que están saliendo últimamente al mercado. Hasta ahora contábamos con drogas que bajaban la glucosa pero lo hacían a base de producir más insulina; es cierto que ésta baja la glucosa pero también engorda con lo cual se empeoraba el control de la diabetes.

¿Era un círculo vicioso?

Sí, porque bajabas la glucemia al paciente pero también provocabas un importante aumento de peso, algo que los diabéticos llevan muy mal y que hacía que no siguieran el tratamiento.  Hasta ahora abordamos la diabetes tipo II con fármacos potentes contra la glucemia, pero con el problema del peso. Era una pescadilla que se mordía la cola

¿Las nuevas fórmulas les permiten bajar la glucosa sin que el paciente gane peso?

Sí. Las distintas compañías farmacéuticas están poniendo a disposición de los especialistas una batería de medicamentos para que podamos bajar la glucosa del diabético, pero sin que gane peso, incluso provocando que lo baje. Si, porque insisto, la  terapia ideal del diabético no es solo la de bajarle la glucosa, sino que pierda kilos.

¿Esas nuevas herramientas terapéuticas son orales o inyectables?

Hay algunas inyectables con las que consigues que baje peso y posiblemente sean las más potentes a la hora del tratamiento de rebajar la glucosa y el peso. Pero están saliendo otros orales que igualmente bajan los dos factores, aunque tal vez sean menos fuertes son muy efectivos. Son fármacos que favorecen la eliminación de glucosa por la orina, lo que hace perder peso.

¿La adherencia al tratamiento es mejor con un medicamento oral?

A la hora de valorar el fármaco  que vas a indicar al paciente hay que tener en cuenta muchas características: su mecanismo de acción, los efectos que tiene sobre el peso, sobre la glucosa, la adherencia. En general los paciente siguen más los  orales; los prefieren a los inyectables. Lo cierto es que cada diabético tiene sus peculiaridades. Por eso es bueno disponer de una batería de fármacos para que los especialistas podamos ofrecerles a cada uno de ellos el más adecuado. Lo cierto es que las indicaciones de los nuevos fármacos se han simplificado hasta unos límites que hace unos años eran impensables. En algunos casos con una pastilla a la semana es suficiente, en otros con una dosis diaria.

¿Una terapia  a la carta?

Los medicamentos actuales tienen sus ventajas e inconvenientes, por eso hay que indicar el que mejor va a cada enfermo. Puede ocurrir que sea un diabético que tenga poca hiperglucemia pero sea muy obeso En este caso nos decantaríamos por uno más potente que nos ayudará a reducir el peso. Cada fármaco debes de ir  adecuándolo; se trata de individualizar la terapia; no vale lo mismo para todos; no hay una sola indicación porque la diabetes tipo II tiene muchas facetas. Por suerte hoy en día tenemos muchas alternativas para ofrecerles a estos enfermos. En la medida de lo posible les individualizamos los tratamientos.

Pero la insulina sigue siendo el fármaco más importante para la diabetes

Y el más tradicional porque la diabetes es una deficiencia de insulina; es el más importante que hay. Sin embargo, la insulina tiene el efecto secundario de que se gana peso y, como he subrayado antes,  hay personas para las que puede ser contraproducente porque si ya de por si son obesas con la insulina pueden engordar más y, por lo tanto, con ella no solo no se logra atajar  la diabetes, sino incluso empeorarla en algunas circunstancias.

En EE.UU. esta epidemia va in crescendo en niños  ¿también aquí?

No. La diabetes tipo II en niños aquí es excepcional, prácticamente no hay casos. Hoy por hoy no tenemos ese problema con los chavales, aunque de seguir así puede  que los casos, como en EE.UU., crezcan. Esta epidemia está asociada a la persona adulta y obesa.

Al margen del sufrimiento humano, la diabetes genera unos importantes costes sanitarios

Sí. Es una pandemia que provoca grandes gastos a los sistemas de salud del Estado y del mundo. De seguir así será difícil que puedan soportarlos. Si ese 12% de la población hace infartos, trombosis, ictus… eso disparará hasta límites inimaginables los gastos en Salud. Por eso los especialistas abogamos por estrategias preventivas, por tratar a todos esos pacientes antes de que tenga todas esas complicaciones. Es un problema sanitario de primer orden y de salud pública. Las autoridades sanitarias tendrían que estar más trabajando más en este tema y concienciar  a toda la sociedad para que se implique a la hora de frenar esta epidemia silenciosa. ¿Cómo? Haciendo campañas que fomenten los hábitos saludables,  que conciencien sobre los problemas derivados de la obesidad, que se anime a la población a que retome la dieta mediterránea, a que camine media hora diaria….

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