• Según el doctor Enrique Aramendía, oftalmólogo de Policlínica Gipuzkoa, exponer los ojos a la radiación solar sin protección hace que aumenten hasta en un 50% los casos de conjuntivitis en verano.

• “Los colores de los cristales de las gafas de sol no tienen importancia, lo esencial es la interrupción de la radiación ultravioleta que es nociva para la superficie del globo ocular y la córnea. Eso sí, siempre debemos asegurarnos de que las gafas están homologadas por la Comunidad Económica Europea”, sostiene e experto

• “Los niños tienen una mayor fotofobia, porque tienen un cristalino más transparente y deja pasar más cantidad de luz, por lo que es importante que no se expongan al sol mas de 30 minutos sin protección de una visera o de una gafa de sol”, explica el especialista.

doctor ARAMENDIA

Enrique Aramendía, oftalmólogo de Policlínica Gipuzkoa, de Donostia.

“Las gafas de sol en verano no son un mero elemento decorativo”, afirma el oftalmólogo de Policlínica Gipuzkoa, Enrique Aramendía, quien subraya, “si nos ponemos por ejemplo en la playa, donde hay una exposición excesiva, mirando al mar o a la arena sin protección en nuestros ojos, se puede producir lo que se llama una queratoconjuntivitis actínica, una alteración de la cornea, porque la radiación para justo en esa zona, y se produce un dolor intensísimo a las pocas horas”.

La conjuntivitis actínica suele ser una de las patologías más frecuentes del verano, llegando a aumentar en casi un 50% los casos atendidos en Urgencias con esta dolencia. “Unas gafas de sol podrían evitar esta patología, por lo que es importante que valoremos a las gafas como un elemento esencial para nuestra salud oftalmológica y no como un complemento de moda sin valor sanitario. Debería tener la misma importancia que la crema solar -asegura Enrique Aramendía-, también una visera o una buena pamela de ala ancha pueden cumplir o complementar esta función”.

Una protección fundamental en palabras del especialista, “una sobreexposición al sol se puede traducir en múltiples patologías en los ojos. La esperanza de vida es mayor, y el espectro de radiación también aumenta a lo largo de los años, y puede provocar patologías, sobre todo de la superficie ocular”. “En casos extremos de gente que mira al sol directamente como puede ocurrir en los eclipses o por ‘despiste’ se pueden producir graves quemaduras maculares. Pero lo frecuente son las irritaciones de conjuntiva (conjuntivitis actínicas) y otras patologías crónicas causadas por la excesiva exposición al sol como pterigium, (un tejido de la piel del ojo que crece hacia la córnea) o pinguécula que pueden resultar molestos y precisar cirugía”, explica Enrique Aramendía.

Las gafas un arma de doble filo si no están homologadas; estas sólo se encuentran en ópticas y deben tener la garantía de la CE (grado 2 o grado 3) de una absorción mínima de la radiación ultravioleta “A” del 80%.

Tanto su uso como su buena elección es importantísimo. Son muchos los casos que por una mala elección en la gafa de sol, más que protegerles han sido parte del problema del desarrollo de ciertas patologías. Los ópticos son gente experta, y van recomendado que es lo que tiene que buscar el cliente, peroel paciente debe asegurarse siempre de que la gafa de sol esté homologada por la Comunidad Económica Europea, llevan el logotipo justo en la patilla”, apunta el especialista.

“El color de la gafa no tiene tanta importancia; el grado de protección de rayos ultravioletas sí, y el factor de absorción de luz completa también, que es lo que hace que una gafa sea más oscura o más clara, pero no por ello más segura”, explica Enrique Aramendía, quien añade, “las gafas polarizadas son adecuadas para el mar o para la conducción con mucha luz, y las de corte global muy alto, de espejo, que actúan reflejando la luz, se usan en situaciones especiales o extremas, no siendo útiles en la vida de ciudad”.

Esencial las gafas de sol en niños

Uno de las campos de batalla de la oftalmología en niños es que se protejan sus ojos en verano. Pocas veces vemos a niños de poca edad con gafas de sol, ya sea en la orilla del mar, o paseando con sus padres. “Es algo que debe cambiar -apunta Enrique Aramendía-, los niños tienen una mayor fotofobia, la retina menos desarrollada y un cristalino mucho más transparente, y la entrada de luz es mayor en sus ojos por lo que están más desprotegidos, por lo que es importantísimo que utilicen gafas de sol. Además, van mucho más cómodos sin tener que ir forzando los ojos”.

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