• Expertos participantes en el 57 Congreso de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología y XIV Congreso de la Asociación Vasca de Geriatría y Gerontología Zahartzaroa celebrado  en San Sebastián apuestan por buscar fórmulas para gestionar mejor la soledad
  • En nuestro país hay 1.853.700 personas mayores que viven solas, de las cuales el 72,2 % son mujeres
  • Además de la depresión, la soledad se relaciona con enfermedades cardiovasculares, hipertensión y demencia. Incluso existe un vínculo muy fuerte con una mortalidad temprana
La soledad no es inocua

La amargura y la tristeza “roban” las ganas de vivir a muchas personas mayores que se sienten solas

La soledad en la tercera edad es uno de los grandes enemigos del bienestar de nuestros mayores, un tema preocupante sin duda, ya que su calidad de vida no solo implica un buen estado físico, sino también emocional. Y es que la soledad no es inocua, es un factor de riesgo para la depresión, el deterioro cognitivo, la morbilidad y la mortalidad. Los estudios disponibles sobre  la soledad o fenómenos similares como el aislamiento social, muestran además diferentes variables o factores que se asocian con su presencia, tales como vivir solo, tener mala salud, problemas económicos, falta de oportunidades o encontrarse en fase de duelo.

En el Estado español hay 1.853.700 personas mayores que viven de forma independiente. Según la Encuesta Continua de Hogares de 2014, del Instituto Nacional de Estadística, últimamente se ha producido un aumento en el número de hogares unipersonales. Los expertos en geriatría y gerontología, que estos días se han reunido en el Congreso de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología en San Sebastián, alertan de la gravedad de esta situación y de los serios problemas que puede provocar en la salud de las personas de la tercera edad.

La amargura y la tristeza roban las ganas de vivir a muchas personas mayores que se sienten solas. En este sentido, conviene tener en cuenta que la sociedad y el modelo de familia han dado un giro importante en las últimas décadas. Con la modernidad hemos conseguido retos muy positivos, pero en la actualidad también tenemos una profunda crisis de valores, que se ceba en las personas más vulnerables como son los mayores cuyas  principales necesidades emocionales son la necesidad de estima y reconocimiento. Necesitan sentir que forman parte de la sociedad y de su entorno cercano.

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De los casi dos millones de mayores que viven solos, 368.400 personas tienen más de 85 años, es decir el 42,2%. Además, del total que viven en soledad, el 72,2% son mujeres. Muchos de ellos:

– Apenas reciben una visita mensual de alguien conocido de su entorno social e incluso, se dan casos, en el que no existen tales visitas.

– Sufren problemas de salud asociados a la soledad. Además de la depresión, la soledad se relaciona con enfermedades cardiovasculares, hipertensión y demencia. Incluso existe un vínculo muy fuerte con una mortalidad temprana.

– Tienen problemas ligados a la movilidad y al riesgo de caídas. Los mayores que están solos soportan un mayor peligro de sufrir caídas y, por tanto, fracturas.

Suelen tener más problemas económicos, lo cual repercute en su alimentación, pero también en su higiene.

Pero además, según explica Andrés Losada Baltar, profesor titular del Área de Psicología Clínica de la Universidad Rey Juan Carlos y coordinador del grupo de investigación Cuid-Emos, “la soledad puede verse incrementada a lo largo del ciclo vital por factores asociados a los estilos cognitivos o a la personalidad de las personas o a la ocurrencia de sucesos vitales significativos como, por ejemplo, la jubilación, enfermedades o asumir la tarea de cuidar de un familiar dependiente. Estas circunstancias pueden favorecer la ocurrencia de cambios significativos en las vidas de las personas que, finalmente, pueden provocar la emergencia de sentimientos de soledad”.

En definitiva, nos enfrentamos a una cuestión que, según las expectativas demográficas, va a más y es por tanto fundamental saber cómo enfrentarse a este problema  social que influye en la salud y en la calidad y esperanza de vida de nuestros mayores.

En esta misma línea, Mayte Sancho, directora científica de la Fundacion Matía Instituto Gerontológico, defiende la necesidad de buscar fórmulas para gestionar mejor la soledad y prevenir sus consecuencias negativas, ya que progresivamente se impone como un modo de vida  casi mayoritario en las sociedades modernas. Destaca como imprescindible el papel de la acción voluntaria en el acompañamiento de situaciones de soledad no deseadas.

Porque la salud es lo que importa…pon #saludentuvida

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